Si quieres escuchar el testimonio, da click en INICIAR
Sandra empezó a trabajar en Hooters cuando tenía 20 años. Era un empleo de medio tiempo que le permitía seguir estudiando.
Ella se considera una persona tímida, y cuando entró a la empresa se dio cuenta de que el personal de cocina era “muy coqueto”
Pero había un trabajador muy tranquilo: el chef Arturo. Él se acercó poco a poco a Sandra, e incluso le ayudó durante su periodo de entrenamiento. Ella se sentía en deuda con él.
Ambos iban a tomar café en el centro comercial en donde está el restaurante. Un día Arturo le dijo que quería tener una relación con ella, pero Sandra solo lo veía como un amigo.
A partir de entonces, Sandra empezó a notar que su horario siempre coincidía con el de Arturo y que él sabía detalles de su vida que ella no le había compartido.
Con el tiempo la situación escaló y él empezó a llamarle por teléfono y enviarle mensajes durante la madrugada.
Sandra no sabía a quién reportarle la situación en su trabajo. Hooters
no tiene un protocolo contra el acoso sexual laboral.
Decidió acudir al gerente, quien le dijo que la verdad tenía un
“pacto” con Arturo: le pagaba para que su horario y el de Sandra
coincidiera.
Después se lo dijo a la gerente regional, quien solo le dijo que iba a intentar cambiarla de sucursal. Pero todo siguió igual.
Como último recurso, Sandra decidió reportar la situación ante el área de Recursos Humanos (RH) del corporativo de la empresa. La primera persona con la que habló le dijo que la situación era grave y que se debían tomar cartas en el asunto, pero él no podía tomar la decisión, por lo que Sandra debía hablar con el jefe de esa área.
“Tú que provocaste o qué?”, fue la respuesta que recibió de esa persona. El encargado de RH le dijo que él le tenía que creer a Arturo (a pesar de no haber hablado con él) porque él tenía un puesto gerencial que le había ganado.
Después de recurrir a tres personas diferentes, la solución que le ofreció quien debía ayudarla en esta situación fue entregarle su renuncia para que la firmara, porque no había nada más que pudiera hacer.
Sandra pronto encontró trabajo en otro restaurante en donde se sentía tranquila. Podía seguir estudiando y trabajando.
Después de medio año en esa empresa, una de sus amigas le dijo que Arturo había sido contratado en ese lugar.
Esa amiga también había visto a Arturo en el centro comercial en donde
ahora trabajaba Sandra.
Sandra decidió renunciar.