Victoria
ex jugadora de la Liga MX Femenil
“Jugar fútbol profesionalmente era uno de mis sueños. Cuando era niña no
sabía si iba a ser posible o no, ya que no veía una liga profesional en
el país y conforme fui creciendo empecé a jugar en la
selección. Cuando empezó la liga MX Femenil (en 2017) sentía un
poco de escepticismo, porque no se veía venir, no pensamos que fuera a
durar mucho.
Unas amigas me convencieron de ir a visorías (eventos en los que las
jugadoras pueden ser observadas por personas reclutadoras de clubes
profesionales) y los representantes de un equipo profesional me
eligieron.
Cuando empezó la Copa nos empezaron a pagar, pero era muy poco:
dos mil 800 pesos al mes. No teníamos contrato ni
prestaciones, así que
pensé jugar en lo que terminaba mi carrera y si no
podía vivir del fútbol, al menos tenía una licenciatura.
El primer año (2017) hubo un tope salarial que años después sancionó la
COFECE. Nos decían (los directivos del equipo) que no se podía pagar más
de eso; el contrato era por 6 meses, ni siquiera era anual. En teoría
las mujeres no ganaban más de
3 mil pesos mensuales, nosotras ganábamos 2 mil 800 pesos, otras 2 mil 500 y otras 3 mil
pesos al mes.
Al mismo tiempo de jugar fútbol, estaba estudiando. Recuerdo que tenía
clases en la mañana y me iba a entrenar; los martes me saltaba una
clase. Después, en el segundo semestre, tomaba clases en la tarde. Era
levantarme temprano, desayunar, irme a clases, entrenar de 1 a 4, y
salir a las 10 de la noche. Tuve que meter verano para hacer
pretemporada, iba temprano a entrenar y después iba a clase. Después de
ese semestre me titulé, entonces en enero entrenaba en la tarde, en lo
que hacía mi trabajo de titulación, acabé en mayo e intenté tomar un
curso pero se canceló y solamente entrenaba, pero me lesioné. Cuando me
lastimé estaba más de 4 horas en el club, es más pesado.
Ingresé a otro club, y a la par estaba trabajando en otra cosa para
tener mejores ingresos económicos. Trabajaba en una empresa de manera
remota; jugaba los lunes, los martes era nuestro día libre en el club,
así que viajaba a Ciudad de México para trabajar de 9 a 6 pm. Regresaba
(al club, en otra entidad) el mismo martes en la tarde, o miércoles muy
temprano para llegar a entrenar a las 8 de la mañana. Así fue durante un
año, era muy pesado.
Era cansado cuando regresaba al club a las 6:00 am por el tráfico, era
terrible, eran días pesados, y usualmente llegaba muerta. De todas
formas me gustaba trabajar en otra cosa, porque mentalmente yo me sentía
más sana cuando trabajaba o hacía otra cosa que cuando jugaba. Porque el
entorno futbolístico es bastante tóxico y muy cerrado, porque estás con
la misma gente, y hay mucha presión si los resultados no se dan. La
verdad yo creía que era más sano cuando hacía alguna cosa que me podía
sacar del fútbol a cuando sólo jugaba.
Después de la pandemia era más difícil conseguir otro trabajo. Al
principio sólo entrenaba en la mañana, pero después también en la tarde,
y viajaba más. Conforme fue creciendo la liga fue creciendo el tiempo de
demanda y no tenía tiempo para otra cosa.
El tope salarial subió y me consta que fue así porque en el equipo donde
estaba jugando me subieron a 15 mil pesos mensuales, a mí y 6 jugadoras
más, y de ahí para abajo, había gente que ganaba 7 mil, 5 mil y las
menores de edad seguían ganando 2 mil 800 mensuales. El club jamás habló
del tope salarial, muchas chicas no tenían idea que existía. A mí sí me
tocó que en un equipo decían que no me podían ofrecer más porque había
un tope, me lo dijeron porque pregunté, pero si no lo hubiera hecho no
hubieran dicho nada. Después de la sanción que puso la Cofece a los
equipos por imponer un tope salarial, nadie tocó ese tema, entre que las
chicas no sabían mucho, dentro del club nadie dijo nada, no se
disculparon. Si está bien que les pusieron la sanción pero que lástima
que no se retribuyó nada a las jugadoras que fueron afectadas con el
tope salarial.
Actualmente hay jugadoras que a lo mucho aspiran a 12 mil pesos
mensuales, las menores han de ganar 4 mil, y si son menores y no quieren
correr el riesgo de que las consideren profesionales para después irse a
la liga colegial de Estados Unidos, entonces en teoría no deben ganar
dinero, deben tener un convenio. En el último año que dejaron que los
clubes contrataran extranjeras, ellas llegaban ganando más que cualquier
jugadora mexicana.
Con Katy Martínez y Stephany Mayor (jugadoras mexicanas) hubo un
crecimiento, pero sólo le subieron el sueldo a 2 jugadoras, y el resto
seguía ganando muy poquito. Y ahora fue el fichaje de Jenni Hermoso,
ella ganaba aproximadamente 2 millones de pesos al año en el Barcelona y
no se pudo venir por menos dinero a México. En un mismo vestidor tienes
a una española que puede estar ganando 4 millones al año, se traduce
como a más de 100 mil pesos al mes y tienes a otra que está ganando 5
mil pesos mensuales o una menor que no está ganando nada.
Pero Jenni Hermoso es mejor en el palmarés que otros jugadores mejor
pagados de la Liga MX, jugó en el Barcelona, quedó campeona en un
triplete, campeona de Champions, nominada a un balón de oro, máxima
goleadora en España. Si entre ellos la diferencia es brutal, con las
demás jugadoras es grosero, porque el salario no es ni el 3 por ciento
de lo que ganan los hombres.
Los chavos en una sub 20, cuando lo hacen bien y los empiezan a llamar a
un primer equipo, comienzan a ganar suficiente para ser el ingreso
principal de su familia, les es más fácil llevar una vida de familia
porque son el sustento económico. Con las mujeres eso no se puede,
algunas ganan tan poco que se obligan a vivir en casa club, porque hay
precariedad y no pueden hacer mucho. Van, entrenan, están en casa club y
ya.
El tener poco poder adquisitivo da poca posibilidad de gasto, ni
siquiera salimos o hacemos mucho, tampoco nos podemos pagar una carrera.
Y a nivel personal no podemos estar en una relación, porque qué chavo va
a querer estar con alguien como nosotras, que cada semestre no sabemos
en qué equipo vamos a estar, que ganamos poco y tenemos un estilo de
vida donde vivimos para jugar, entrenar, viajar. La vida se vuelve
comer, entrenar, jugar, trabajar en otra cosa y dormir. La diferencia en
salario te cambia la vida de manera radical.
En otros países las chicas sí estudian, es una cosa que va a dejar de
pasar en México, con los equipos sub 18 femeniles, seguramente. Entonces
en poco tiempo habrá chicas muy jóvenes entrando a la Liga MX Femenil,
pero no van a tener carreras tan largas. Por ejemplo, en Estados Unidos
les toma más tiempo, porque van a la universidad para participar en el
fútbol colegial, de los 18 a los 22 años de edad, y están obligadas a
estudiar además de jugar, y es hasta los 22 que se dedican a jugar, pero
al menos si tienen una carrera.
Hay personas de la Liga que dirán que sí se puede vivir únicamente del
fútbol, pero México es un país desigual, y con salarios muy precarios.
Por ejemplo un salario de 15 mil pesos para un recién egresado millenial
es muy bueno, y dije si estoy ganando eso estoy bien, pero la realidad
es que no, porque a diferencia de un trabajo millennial, en el fútbol no
se puede vivir muchos años de eso, además con una lesión dejamos de
jugar, igual y no se sale de la lesión nunca. Mucha de las bajas en los
clubes es de mujeres que se han lesionado y han sido muy mal
rehabilitadas. En el caso de los hombres que también se pueden lesionar,
ellos tienen un colchón económico, pero nosotras no lo tenemos.
Además, si no queremos vivir en casa club tenemos que pagar renta. Si
vivimos del fútbol, se vive de forma muy limitada, por un tiempo de vida
muy corto, y no se puede hacer carrera de vida en otra cosa. La casa
club es una prestación que muchas jugadoras toman, pero realmente una
casa club se usa más para los hombres que están en una sub, porque
cuando son profesionales no la necesitan.
En teoría tenemos seguro y nos rehabilitan en el club, pero al final
depende de los horarios del primer equipo varonil, no siempre nos
rehabilitan en el mismo lugar del equipo varonil, hay pocos
fisioterapeutras y nos pueden decir que vayamos la semana que viene. El
club debería fomentar también el desarrollo académico, deberían de
enseñar inglés, por si llegan a fichar fuera en una universidad o un
equipo extranjero. La prestaciones que tienen las deberían dar mejor,
como la nutrición, psicólogos, tener más fisioterapeutas, que den
condiciones como al primer equipo varonil se las dan.
Muy poca gente habla públicamente de estos temas, yo lo hacía en redes y
al final (el club) nos empieza a tachar de conflictivas. Alguna vez el
club, a través de la jefa de prensa, me regañó, aunque no había dicho
ninguna mentira. A raíz de eso no me dejaban hablar con los medios.
Incluso hay contratos que estipulan que no puedes dar ninguna entrevista
sin pasar por prensa o por su aprobación. Me fueron sentando y
congelando, y acabé saliendo del sistema por defender estos temas.
Simplemente defender tiene un costo, por eso mucha gente no lo hace
públicamente, yo lo hacía porque sabía que podía dejar de jugar en
cualquier momento, al final tengo una carrera, no se acaba la vida, pero
para la mayoría no pasa. O la prensa te empieza a tachar de cosas.
Mi contrato acababa a finales de año, pero me dijeron que no entraba en
planes, aunque en teoría su contrato tiene causales de despido, y
dijeron que me convenía porque me podía ir a otro equipo. Pero no me
dieron finiquito, es como si yo renunciara, pero ellos me estaban
despidiendo, y sin ninguna causal según su contrato. Al final lo vi con
abogados porque me quedaban a deber seis meses, y los abogados me
dijeron “como eres mujer no ganas tanto realmente, te va a salir más
caro el pleito legal que lo que te deben”, al final es arbitrario el
tema de los despidos. En un equipo donde jugué hubo chicas que hicieron
toda la pretemporada, y dos días antes de que se cerrara el periodo de
fichajes les dijeron que no iban a entrar en planes y las despidieron y
no pudieron entrar a otro equipo. Ahora ya avisan antes, pero pasa lo
mismo, aunque tengamos contrato nos dicen que no entramos en
planes.
Para cambiar el fútbol femenil en México necesitamos unir voces,
hablarlo como acción colectiva, no de forma individual. Si las jugadoras
tienen tanto miedo de hablar indica que algo está pasando”.
María
jugadora activa de la Liga MX Femenil
“Cuando era niña y veía los juegos de los hombres pensaba que sería muy
padre que hubiera lo mismo para nosotras. También pensaba que no
pasaría, que eso sólo ocurre en Estados Unidos o en otros lados, pero no
se me quitaba el sueño de fútbol profesional para nosotras en México.
Pero gracias a Dios se dio y ya hay un espacio para que las chavas
podamos cumplir nuestro sueño.
Pensé muchas cosas cuando empezó la Liga, creía que a lo mejor era una
prueba piloto, a lo mejor no iba a funcionar y que tal vez no sería lo
que los directores esperaban, y la quitaban por no llenar las
expectativas. Obviamente yo quise hacer visorias desde el principio,
desde que empezó la liga, pero mi papá y yo pensamos que era incierto y
que se podía cancelar, y muchas chicas o yo podíamos haber dejado los
estudios y nos quedaríamos sin escuela y sin liga. Decidí no hacer
visorias en 2017, cuando empezó la liga.
Cuando mi papá me dijo que no entrara a la primera división, que
terminara mis estudios, me puse triste, porque era un sueño. Yo con mi
inmadurez lo quería, pero al terminar mis estudios y en todo mi proceso
universitario yo no quitaba el dedo del renglón de poder entrar a un
equipo. Al finalizar la universidad me sentía bien mentalmente y
físicamente y quería quitarme la espinita de qué se siente pisar una
liga profesional en mi país, en mi estado. Decidí intentarlo, con miedo,
pero muchas personas me dijeron que no perdía nada al intentarlo.
Intenté en casi todos los equipos, no perdía nada si preguntaba, pero en
mi ciudad me dijeron que fuera a visorias, cuando faltaba poco para que
se acabara el torneo. Me dijeron que ya estaban cubiertas sus bajas,
pero que podíamos hacer una pretemporada larga (6 meses) y veían si en
el siguiente torneo nos consideraban. Dudé pero acepté, por amor al
arte, sin estar registrada (sin sueldo), porque quería debutar en
primera, ese es mi sueño y a eso me aferré.
Después de ese tiempo me registraron. Desconocía cuáles eran las
condiciones en las que me debía fijar para firmar el contrato. El
contrato decía las cosas que debo hacer y las que no, para cuidar la
imagen del equipo. Todavía el sueldo sigue siendo bajo (5 mil pesos
mensuales) el equipo tiene poco presupuesto, le faltan muchas cosas para
que el trato sea profesional, y no es que pida muchas cosas.
Las condiciones son preocupantes, no nos dan terapias en una camilla,
las dan en unas gradas y ahí las fisioterapeutas se deben acomodar. Las
chicas foráneas no gozan de casa club, su sueldo no es para ellas, pagan
renta. Yo tengo un sueldo bajo, pero lo acepto con tal de jugar, dicen
mis familiares que por algo se empieza, pero a lo mejor en las
siguientes temporadas aumentan el sueldo, pero me fijo más en la
satisfacción de entrar al equipo. Una ventaja es que vivo con mis papás,
no batallo en renta, comidas ni servicios.
Pero, entre las jugadoras dicen que las chavas mexico-americanas
ganan el triple que yo, no sé si es una política que deben ganar el
doble que una mexicana, aunque no hayan sido jugadoras activas, me
sorprende. El salario lo debería delimitar el nivel futbolístico de cada
jugadora o el tiempo que llevamos en el equipo, como cualquier otro
trabajo. Hay equipos que traen extranjeras de ligas, a lo mejor vienen
de un equipo de Estados Unidos; ahí si es correcto, tienen razón en
pagarles más, porque nadie se cambia de trabajo a uno que pague
menos.
Diariamente me despierto temprano, me hago un desayuno ligero, me
cambio, pongo mis cosas, y me voy al entrenamiento. Con el fútbol no me
alcanza. Tengo que hacer otras cosas, tengo un emprendimiento y con eso
obtengo un ingreso extra. Hay días donde me siento muy cansada y no
quiero atender mi negocio, pero lo hago porque
es algo que me ayuda a llegar a fin de mes. Tengo
gastos como pagar mi teléfono, mi plan, gastos de la semana, cooperar
para servicios en mi casa, alguna salida. El sueldo que me dan en el
club no me solventa totalmente.
No se puede vivir del fútbol en México, desconozco el sueldo mínimo y el
máximo de cada club, pero es difícil. Las que sí pueden vivir del fútbol
están en equipos como Tigres, Rayadas y América. En el equipo donde
estoy no nos dijeron el sueldo mínimo, pero el director deportivo nos
dijo que eso era lo que nos podía ofrecer (5 mil pesos), porque hay poco
presupuesto en el equipo, “ustedes saben si lo toman o lo dejan”. Si
quiero jugar es algo que tengo que aceptar para cumplir mi sueño.
Una extranjera gana entre 12 y 15 mil pesos al mes, y yo gano 5 mil
pesos mensuales. Hay un sueldo menor de las sub 18 que juegan en el
primer equipo, que están registradas en primera división pero sus papás
firmaron un convenio, ganan menos que nosotras.
Igual me gustaría tener más ropa de entrenamiento, nos dieron dos juegos
de ropa de entrenamiento con 7 prendas para el torneo, y no tengo
problema en lavar mi uniforme, peo quisiera que sea equitativo, que sea
parejo con la Liga varonil.
Los traslados son igual de complicados, a veces nos vamos el mismo día
cuando son viajes de 3 horas, y yo me sorprendí mucho, jugamos y nos
regresamos el mismo día. Una vez hicimos un viaje de 12 horas en
autobús, es pesado, pero una ya se acostumbró a que sea en camión,
decimos bueno, es lo que hay. Es triste porque no ven por nosotras, ni
por nuestra comodidad. Yo tengo ganas de hablar, de que nos juntemos
todas las jugadoras y digamos que es pesado, que viajemos esas
distancias en avión, pero es algo que no va a funcionar, aunque ganas no
nos faltan, el equipo está lejos de ofrecer este tipo de
comodidades.
Nadie ha intentado hablar de este tema, lo ven más porque ya nos están
dando la oportunidad de jugar, si reclamamos nos vamos a ver mal, a ver
muy encajosas, así lo ven. Hay dos formas de verlo, como que nos dan
mucho, y también por el lado de que falta mucho, porque si es un equipo
profesional tienes que ver eso y más, precisamente para la comodidad de
las jugadoras. Cada quien tendrá su postura, pero le faltan muchas cosas
al equipo, hay chicas que vienen de otros equipos de la liga pero saben
a que se atienden llegando a este equipo.
Nadie se atreve a platicar con los directivos, desconozco las razones,
sería tener una plática pacífica y pedir, no el presupuesto, pero si
comodidades para un mejor rendimiento. No lo hago por miedo a que
directivos, cuerpo técnico o preparadores se enteren y me hagan a un
lado o me dejen de convocar, me juego muchas cosas. Puede que los
directivos hagan caso omiso o que me dejen en la banca o que me corran.
Siento que lo ven como algo de una persona problemática. Si por cosas
internas del equipo llegan a separar a las jugadoras y las hacen a un
lado, pues por cosas más grandes da miedo, no me quiero jugar el puesto
en el equipo.
En comparación, los jugadores de primera división (del mismo club) ganan
millones de dólares, son cantidades abismales, no tenemos convivencia de
cerca con ellos pero a veces los encontramos en el estadio o en ciertas
sesiones de fotos. Pero tan solo con las fotos que suben a redes
sociales vemos su estilo de vida económico, son cosas que a nosotras nos
faltan mucho para poder tener lo mismo.
Pero al final es muy difícil que las directivas escuchen o vean los
problemas que tiene la liga femenil, de lo que carece. Para algunos
clubes de México importa más el equipo de primera división, en el
siguiente escalón está la sub 20, después la sub 15, y no sé cuántas
subs hay, y al final el equipo femenil, para el equipo donde estoy así
es. Nos ven como fuerzas básicas. No nos toman en serio, ni siquiera
cuando ganamos, es más, yo no conozco al presidente del club, desconozco
a las personas que están arriba.
Les diría (a los directivos) que crean en nosotras, en los partidos
donde casi se llena el estadio, son puntos que deben de hacer caso. Las
directivas deben ver que está creciendo la liga, en nivel y en apoyo de
la afición, la gente es fiel al equipo, esas personas que creen en
nosotras nos hacen sentir bien para que sigamos creciendo. El cambio
está en cada equipo, no sé qué ideales tengan los directivos, pero crean
en nosotras las mujeres, en que esto va a llegar lejos, y que nos den la
confianza, que den más presupuesto, a lo mejor eso falta para llegar más
lejos en la tabla.
El probar ideas, el apostarle un poquito cada torneo, el aumentar un
poco el apoyo, para que nos motivemos a seguir ahí. Hay equipos que al
principio de la liga no tenían el nivel que tienen ahora, eso habla bien
de que las jugadoras han crecido y no quitamos el dedo del renglón para
cumplir nuestro sueño”.
Sofía
ex jugadora de la Liga MX Femenil
“Jugar fútbol era algo que siempre había querido. Empecé a jugar a los
siete años con niños, ya después entré de manera amateur y ahí nació mi
pasión por el fútbol y por patear un balón. Fue mi sueño. Cuando supe
que iba a estar la liga MX Femenil profesional me propuse estar ahí y
así fue. Muchas de las jugadoras que ahora están en la liga ya están
disfrutando lo que nosotras pudimos construir.
Yo jugaba en un club amateur, en ese equipo conocí al preparador físico
de un equipo de la Liga MX Femenil y me invitó a hacer visorias para
delantera. Dije que sí, me veían muchas cualidades en el ataque. Fueron
visorias cerradas; pasó una semana y me dijeron que sí había quedado.
Era algo que yo quería y fue un gran reto que me propuse y pude
lograrlo.
Estaba ganando mil 500 pesos a la quincena, se compensaba con otras
cosas como la preparatoria y alimentos, pero económicamente no era lo
que yo esperaba. Al final creo que no iba por el dinero, era por el
sueño que quería lograr. Era complicado, entraba a la prepa a las 7 u 8
de la mañana, después tenía el entrenamiento a las 10 de la mañana, y
después era la hora de la comida a las 2:30 pm. Posteriormente teníamos
doble sesión a las 4:30 o 5 de la tarde, esa era la rutina de todos los
días. Era escuela, fútbol y descansar, no socializamos con nadie porque
estábamos todo el tiempo en las instalaciones.
Después mejoró lo mínimo, no fue mucho. Sin embargo cambié de equipo, y
ahí fue más complicado porque no daban casa club; las rentas no son nada
económicas, es caro, no me quedaba libre el sueldo que me daban, me
acuerdo que las rentas eran de 3 mil 500 pesos, no me quedaba tanto para
salir, solo era para vivir al día hasta mis últimos momentos en el
equipo. No me daba para ahorrar o para poner un negocio, para construir
un hogar. En esos clubes no se daba alimentación, estudios, ni buenos
sueldos.
Me enteré de la sanción que le puso la Cofece a los equipos de la Liga
MX por imponer un tope salarial, y después de eso ya lo mínimo que
podíamos ganar eran 8 mil pesos al mes. Me acuerdo que antes estaba
ganando 6 mil pesos y me dijeron que debía pasar a firmar mi nuevo
contrato porque me iban a subir el sueldo a 8 mil pesos, yo creo que por
la multa. El sueldo estándar era de 8 mil pesos mensuales, era lo que la
mayoría ganábamos, otras ganaban máximo 15 mil pesos.
Me dediqué al fútbol, no podía trabajar aunque no me fuera bien en lo
económico, tenía la escuela, no tenía tiempo para otra cosa. Apenas
acabé la carrera, no me pude dedicar a un trabajo porque no estaría al
100 en el fútbol, porque los equipos exigen alto rendimiento, era mejor
enfocarte en lo que estaba.
Mis papás me apoyaron demasiado en eso, me decían “nosotros pensamos que
del fútbol ibas a vivir y te estamos dando (dinero), en lugar de que te
esté generando, te está quitando”. No les convencía, pero me apoyaban
porque era lo que yo quería. Me daban para las rentas, los autobuses
cuando iba a visitarlos, si les pedía dinero para comida me lo daban,
siempre me apoyaron.
Las condiciones eran difíciles. En un club pasó que si nos pedían
radiografías teníamos que pagar de nuestro dinero. Teníamos un seguro de
vida por gastos mayores y se me hacía injusto que nos cobraran eso,
cuando el club tenía que hacerse cargo. En días de partidos se nos
cobraba a nosotras por alguna colación, ya sea por un plátano o cosas
así. También en los partidos no se nos daba comida, aunque el club tenía
que cuidar lo que debíamos comer antes del partido; comíamos lo que
pensábamos que servía para tener energía, tampoco estaba bien.
Todavía no nos voltean a ver tanto los patrocinadores como Nike y
Adidas, o cualquier otra marca de ropa o calzado, y no se nos daban
tachos (calzado deportivo), aunque es esencial porque teníamos que
usarlos diario, se rompían o se abrían eran gastos que nosotras teníamos
que correr igual. Lo mismo con las playeras de juego o entrenamiento, se
nos daba uno por año, los uniformes igual, se me hace un poco
injusto.
La gente piensa que el fútbol varonil es más espectáculo, y por eso van
mucho a los estadios, pagan lo que se les pide, con nosotras las
entradas eran gratis para atraer a la gente. También está el tema del
machismo, porque al principio de la liga había hombres que comentaban
que no sabían porque había una liga femenil, que nos fuéramos a la
cocina, que no hacíamos espectáculo. La misma gente tiene esa ideología,
aunque creo que se ha ido cambiando, ya llenamos estadios, ya se cobran
las entradas.
Creo que existe algún temor a hablar justamente de estas condiciones,
pensaba qué tal si me quejo y ya no me convocan, no me meten a jugar o
me corren. Son muchas cosas que por temor no se dicen.
Dejé de jugar porque no tenía buen salario, económicamente no me dejaba;
psicológicamente es complicado, si no entras, si no te toman en cuenta,
se vuelve rutinario. Llegó un momento en que dije que no sirvo para
esto. No me arrepiento y disfruté lo que tenía que disfrutar. No cierro
las puertas a regresar algún día al fútbol, por amor al deporte.
Desearía que la gente siga asistiendo a los estadios, para que nos
volteen a ver patrocinadores, equipos europeos, que sigan apoyando y que
los clubes sigan invirtiendo para que crezca la Liga MX Femenil”.
Karen
jugadora activa de la Liga MX Femenil
“Era difícil soñar con ser futbolista cuando era niña, porque no había
una liga profesional. Pero tenía ganas de jugar fútbol, en mi época
soñaba con llegar a la selección nacional, jamás creí que lo iba a
lograr, y con la llegada de la Liga MX Femenil, muchas niñas pueden
vivir ese sueño.
Esperaba un camino complicado para que esto se volviera completamente
profesional, pero al enterarme que existiría una liga sentí mucha
emoción, era un sueño hecho realidad y habría que aprovecharlo. De niña
lo veía imposible pero por fin lo podría intentar.
Me motivó mi mamá; yo sabía que iba a ser complicado, pero ella me dijo
que aprovechara la oportunidad. Entré por visorias, cada club destina
ciertas fechas para hacerlas; fui pasando varios filtros hasta que fui
del agrado del entrenador y del club y me consideraron dentro del
equipo. Cuando me seleccionaron fui muy feliz, era mi sueño hecho
realidad.
Cuando empezamos fue por amor al arte, tal vez las condiciones no eran
las mejores, pero contaba con el apoyo de mis papás y gracias a eso
acepté. Al principio estaba estudiando, tuve que cambiar mis estudios a
la tarde. Me levantaba, desayunaba, me tenía que ir con tiempo porque
tenía que atravesar toda la ciudad, agarraba metro, camiones, transporte
público para llegar a entrenar, me hacía dos horas. Llegaba, entrenaba,
a veces (casi no) teníamos comida en el club, y de ahí me iba a la
escuela. Salía de clases a las 11 de la noche, y al día siguiente era
exactamente lo mismo.
En ese entonces, el club nos daba un sueldo mensual de 2 mil 500 pesos,
a veces nos daban una comida, pero generalmente teníamos que ir
desayunadas o llevar nuestra comida, no era lo mejor para rendir en el
ámbito profesional. No percibía lo necesario para imaginar rentar o algo
así, o buscar un transporte mejor.
Me enteré que había un tope salarial en la Liga justamente por mi
contrato; nos dijo la directiva del club que no podía ganar más de dos
mil 500 pesos mensuales. Pero ¿cómo querían que le hiciera?, si vivo a
dos horas, tenía que pagar comida y quería rentar más cerca del club. No
sé si usaron el tope salarial de excusa.
Además no había buenas condiciones, hacíamos viajes en autobús de 15
horas o hacíamos viajes el mismo día del partido de visita. Nos exigen
mucho pero hay veces que no nos tratan como profesionales, para algunas
personas puede ser absurdo, pero un buen descanso es fundamental para el
fútbol.
Igual al principio sólo teníamos un uniforme para entrar, era de
“lávalo, cuídalo y no sé como le hagas pero lo traes todos los días”; si
lo perdíamos debíamos comprar otro, no nos daban la posibilidad de que
se lavara allá. A veces nos teníamos que poner cosas sin marca, porque
ropa no nos daban.
Con el tiempo la situación cambió, aunque siguen existiendo muchas cosas
que deben mejorar, pero en algunos clubes ya hay jugadoras con mejor
salario. Lo mínimo que ganamos en el club en donde estoy es entre 6 mil
y 7 mil 500 mensuales. Entre jugadoras está muy diferente el sueldo.
Actualmente sigue siendo complicado, pero todas tratamos de que la liga
siga mejorando en todo, incluyendo las prestaciones que necesitamos como
futbolistas.
Los jugadores de la liga varonil (del mismo club donde está) ganan
arriba de un millón mensualmente, si lo comparamos con nuestro sueldo es
hasta absurdo, creo que son cantidades excesivas, y aquí en la liga
femenil esas cantidades nos sorprenden, nos preguntamos cómo lo
lograríamos alcanzar.
Muchos dicen que no hay recursos, no hay dinero, pero nos enteramos de
sueldos así de los hombres y nos preguntamos, ¿cómo no va a haber
dinero? Mucha gente confunde que nosotras queremos ganar igual que
ellos, pero sólo pedimos lo necesario para poder vivir del fútbol. La
gente dice, ¿cómo vas a ganar lo mismo si no generas lo mismo? pero no
es eso, es que los clubes no invierten lo mismo en nosotras, pero solo
queremos lo suficiente para poder dedicarnos únicamente al fútbol.
Queremos que crezca la liga y parece que somos una carga para ellos. No
nos ven como un equipo de primera división, nos ven como fuerzas
básicas. Queremos que se nos dé el trato que merecemos como primera
división. No se puede vivir del fútbol aún, hay veces que de verdad
requiero de mis papás, en general así es en la liga, tenemos que ver
otras cosas de lo que estudiamos, a ver si podemos hacer algo. Ha
mejorado pero aún no en su totalidad.
De hecho hace dos años lanzamos un manifiesto “Cuando todas juegan”, nos organizamos todos los equipos; el documento buscaba mejores
condiciones para nosotras. Pero los directivos hicieron el manifiesto a
un lado. Se ha intentado hablar, pero los clubes nos responden que
apenas va empezando, que estamos en números rojos, es la misma excusa de
siempre. Siempre que salen estos comentarios a la luz o que se trata de
hablar con la directiva, siempre hay ese tipo de respuestas. Entonces
¿qué tenemos que hacer para que nos den mejores condiciones?
Realmente hay miedo de expresarnos, porque puede ser que ya no juegue,
que haya represalias de parte del club, que vayan a hablar mal de mí con
otros equipos y ya no haya posibilidad de que me contraten. Hay miedo de
hablar, porque ellos se limpian las manos y al final siempre señalan a
la jugadora. Yo creo que debemos unirnos para poder exigir mejores
condiciones, tenemos de ejemplo a la selección de Estados Unidos y de
España. Si hay unión podemos lograr cosas importantes”.