Froylán López Narváez fue profesor en la Prepa 6 y en la FCPyS de la UNAM. Durante sus clases, humillaba a sus alumnos y alumnas. Una de sus prácticas más frecuentes consistía en hacer que las mujeres “probaran” un Boing antes de dárselo.

En 2011 cursé la materia “Teoría del Discurso” de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación con Froylán López Narváez. Esto sucedió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Durante sus clases, Froylán hacía chistes misóginos y humillaba tanto a alumnos como a alumnas. Sin embargo, cuando se trataba de mujeres, las “bromas” siempre eran de carácter sexual. Una de sus prácticas más frecuentes consistía en hacer que las mujeres “probaran” un Boing antes de dárselo.

Durante el semestre que estuve en la clase de Froylán López Narváez, nunca denuncié estas prácticas. En ese momento, no sentía que fuera mi derecho hacerlo ni que existiera una estructura social que me apoyaría si lo hiciera. Hoy me arrepiento de haber guardado silencio.

Aunque hace un año resurgió el movimiento #MeToo en México, en los testimonios compartidos en redes sociales nunca vi el nombre de López Narváez y considero que su actitud hacia las mujeres tiene que ser expuesta.

En el video cuento a detalle cómo fue cursar esa materia con él y comparto la única prueba que tengo de sus acosos: el audio de una entrevista en el que se escucha cómo dice “¡Wow, quiero!” cuando me levanto de mi silla al final de ese intercambio.

Siento haber guardado silencio hace nueve años, porque sé que ese silencio lo ayudó a seguir haciendo lo mismo durante años. Si el acoso hacia alguna alumna fue más allá de lo verbal, quiero pedirle perdón por no haberlo denunciado y si esto no sucedió, también quiero pedirles perdón a mis compañeras por haberme quedado callada al ver cómo eran humilladas con la dinámica del Boing (en la que yo nunca tuve que participar).

Hoy, casi una década después, sé que es mi derecho denunciar estas situaciones y siento que las mujeres alrededor de mí (conocidas y desconocidas) me apoyarían si decido alzar la voz.

Aunque es muy tarde para hacerlo, espero que mi testimonio sirva para recordarnos que esto no es normal ni debe ser aceptado o visto como “algo que solo pasa”. Espero que en el futuro, ninguna alumna ni alumno tenga que soportar a un profesor como Froylán.

Alejandra Padilla
12 de febrero de 2020

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