¿Qué es el dióxido de cloro?¿Previene o cura la COVID? ¿Qué efectos secundarios tiene? Consulta lo que dice la evidencia científica aquí.

La evidencia científica señala que no hay una relación comprobable entre la ingesta de dióxido de cloro y la prevención o cura de la enfermedad COVID-19. ¿Qué es este producto y por qué es anunciado como un remedio para esta y otras enfermedades?

El dióxido de cloro se utiliza como blanqueador en la fabricación de papel, en el proceso de tratamiento de agua y para descontaminar superficies en edificios públicos. Por décadas se ha promovido como una cura o tratamiento para diversas enfermedades (VIH, cáncer, hepatitis, malaria) sin evidencia científica que apoye su seguridad o eficacia y en cambio, hay pruebas de sus efectos nocivos para la salud.

El dióxido de cloro es promocionado en redes sociales. Es vendido ilegalmente diluido en agua como “Solución Mineral Milagrosa” (MMS por sus siglas en inglés) para tratar, prevenir o curar la COVID-19.

Andreas Kalcker, quien se autodenomina como científico, tiene patentes de composiciones farmacéuticas para el tratamiento de diversas enfermedades con dióxido de cloro y promociona su aplicación por vía oral o incluso parenteral.

La empresa Genesis 2 Church también está vendiendo productos que supuestamente curan, mitiga, tratan y curan la COVID-19 en personas, los cuales no están aprobados ni autorizados por las autoridades estadounidenses.

Ante estas afirmaciones, tanto la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) como la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) se han pronunciado en contra de su venta y desalientan su consumo.

Evidencia científica sobre el dióxido cloro y la COVID-19

El dióxido de cloro existe en forma de gas amarillo o amarillo-rojizo y tiene la capacidad de decolorar, desodorizar, oxidar y aumentar el contenido de oxígeno en las aguas residuales.

Un estudio del Chinese Center for Disease Control and Prevention sobre desinfección en hospitales en China durante la pandemia por COVID-19 encontró que el dióxido de cloro mata bacterias, virus, hongos y esporas.

Un reporte de expertos para la Organización Mundial de la Salud de 2002 advierte que esta sustancia es bastante tóxica en ratas si es inhalada o tragada.

La exposición de animales a niveles altos de dióxido de cloro y clorito antes del nacimiento y en las etapas tempranas del desarrollo luego del nacimiento puede causar retrasos en el desarrollo del cerebro.

Además, la COFEPRIS y la FDA no cuentan con evidencias científicas que evalúen la seguridad y efectividad del dióxido de cloro o Solución Mineral Milagrosa; y no hay protocolos de investigación registrados que avalen su uso clínico.

Efectos secundarios

La Reseña Toxicológica para el dióxido de cloro y el clorito de la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades informa que si alguien respirara aire que contiene dióxido de cloro gaseoso, podría sufrir irritación de la nariz, la garganta y los pulmones.

El dióxido de cloro o clorito puede irritar la boca, el esófago o el estómago si se ingiere en grandes cantidades.

El académico del Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Carlos Rius Alonso, explica que la exposición a altas cantidades de dióxido de cloro podría causar falta de aliento y otros problemas respiratorios.

“Poco a poco oxida al hierro y baja el conteo de hemoglobina, es decir, el conteo de glóbulos rojos, con ello la función de la respiración disminuye poco a poco. El dióxido de cloro oxida parte del hierro de la hemoglobina, lo que impide transportar oxígeno de los pulmones a otras partes del cuerpo”, explica el experto.

Además, la COFEPRIS advierte que estas sustancias pueden provocar náuseas, vómito y diarrea, así como trastornos cardiovasculares y renales.

¿Qué dicen las autoridades mexicanas?

En México, la COFEPRIS no ha autorizado ningún medicamento que contenga dióxido de cloro, clorito de sodio o sus derivados. Lo que significa que quien lo compre no sabrá la calidad de los insumos, las condiciones de fabricación, almacenamiento y distribución.

¿Su prohibición es conspiración de las farmacéuticas?

El experto de la UNAM explica que en el país “cerca del 80 por ciento de los medicamentos vendidos son genéricos, los cuales tienen precios hasta 10 veces menos que los de las compañías farmacéuticas y, por lo tanto, pensar en un complot de éstas no es un argumento sólido”.

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