43% de los mexicanos con COVID-19 tiene al menos una enfermedad crónica que complica su tratamiento

Casos positivos

Corresponden a los pacientes que resultaron positivos a una prueba de laboratorio para detectar el virus SARS-CoV-2, así como los pacientes positivos por dictaminación epidemiológica o por asociación, de acuerdo con los datos de la Secretaría de Salud.

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Las enfermedades crónicas son un factor de riesgo en personas que se han contagiado de COVID-19. Cinco médicos explican cómo estas condiciones interactúan con la enfermedad.

Por Erika Lilian Contreras y Alejandra Padilla. Visualización de Yareli Ramos y Hugo Osorio

Dafne fue diagnosticada con COVID-19 en mayo. Ahora, cinco meses después, a pesar de resultar negativa a las pruebas de diagnóstico y estar oficialmente dada de alta, la enfermedad sigue causando estragos en su cuerpo. Taquicardia, dolor en brazos y piernas y estrés post-traumático son algunas de las secuelas con las que vive. Las personas que viven con al menos una enfermedad crónica -como Dafne- representan 43.67 por ciento del total de casos positivos de COVID-19 en México.

Aunque Dafne vive con una arritmia controlada, cuando se contagió de COVID-19 su corazón estaba en buen estado porque había seguido un tratamiento para esta condición cardiaca. Al recibir el diagnóstico positivo para COVID-19, sus médicos le dijeron que “no suspendiera para nada los medicamentos (que toma para controlar la arritmia) porque era jugar con fuego”. 

Dafne es una de las casi 400 mil personas que han contraído la enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2 y que viven con un padecimiento crónico como un problema de corazón, diabetes, obesidad, hipertensión, asma, inmunosupresión o Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). 

Estos pacientes presentan tasas más altas de complicaciones y hospitalizaciones por COVID-19, incluso tasas más altas de mortalidad, de acuerdo con los datos de la Secretaría de Salud (SSa). ¿Por qué sucede esto? 

Serendipia habló con cinco especialistas en infectología, neumología y cardiología para entender por qué las comorbilidades afectan a las y los pacientes con COVID-19.

¿Qué hace la COVID-19?

La COVID-19 es más que una enfermedad de los pulmones: podría tener también implicación a nivel endotelial, de acuerdo con Diego Araiza, cardiólogo en el Instituto Nacional de Cardiología “Ignacio Chávez”.

El virus SARS-CoV-2 se une a las células del endotelio, una membrana que cubre los vasos sanguíneos, el corazón, los pulmones, los ojos, el sistema nervioso central y los riñones. Es por esto que el virus puede afectar a todos esos órganos.

Araiza confirma lo que dicen los datos: los pacientes con enfermedades crónicas y COVID-19 son más proclives a desarrollar un problema circulatorio, que la nueva enfermedad se complique y, por lo tanto, a morir.

Las evidencias científicas disponibles hasta ahora señalam que lo que determina la gravedad de la enfermedad es el sistema inmune. Si además la persona tiene enfermedades crónicas que afectan la respuesta inmune, tendrá un mayor riesgo,  de acuerdo con Antonio Anzueto, neumólogo en el hospital de la Universidad de Texas. 

Además, el virus tiene dos maneras de hacer daño: la directa, (el daño que hace al entrar en un tejido y la función que van a dejar de hacer las células para favorecer la replicación viral) y la indirecta, que es la respuesta de cada persona según sus genes, su constitución, su estado de salud previo y su estado nutricional, de acuerdo con Amy Peralta, internista e infectóloga que atiende a pacientes que se encuentran en un estado grave de la COVID-19 en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias Ismael Cosío Villegas.

¿Por qué se complican los pacientes con COVID-19 y comorbilidades?

El virus SARS-CoV-2, que provoca la enfermedad COVID-19. ataca tejidos que ya cuentan con un daño previo causado por la enfermedad crónica, lo que hace que el cuerpo reaccione al virus de manera exagerada y haya un mayor riesgo de infartos y embolias, dice Amy Peralta. Es por eso que para los pacientes con condiciones previas es más difícil reaccionar a la enfermedad. 

“Lo que se ha observado es que en algunos pacientes se promueve un estado que favorece la inflamación primero del sistema respiratorio y posteriormente de múltiples sistemas: el circulatorio, el cardiovascular, el renal, el gastrointestinal. De tal forma que de pronto se desencadena una reacción en cascada de inflamación”, dice Justino Regalado Pineda, neumólogo y subdirector de Atención Médica del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER).

Enfermedades cardiovasculares e hipertensión

Cuando una persona que tiene una enfermedad crónica cardiovascular y/o hipertensión se contagia de COVID-19, la complejidad del caso aumenta, de acuerdo con Antonio Araiza, quien trabaja en la unidad coronaria y urgencias del Instituto Nacional de Cardiología “Ignacio Chávez”. 

“Estas complicaciones predisponen a que los desenlaces sean bastante más complicados, las estancias (en el hospital) más largas y la mortalidad se haga más alta”, dice Araiza

Es más frecuente que estos pacientes desarrollen una incapacidad para respirar, que rápidamente presenten una falla en los riñones y que terminen con una profunda inestabilidad, un choque o una incapacidad de mantener su presión arterial normal, de acuerdo con Araiza. 

Además, la COVID-19 favorece la formación de trombos a cualquier nivel del sistema muscular, lo que hace que el paciente que tiene arritmias o antecedentes de infartos, tenga más riesgos, dice Susana Galicia Amor, neumóloga y jefa del Departamento de Rehabilitación Pulmonar del INER. 

Obesidad y COVID-19

Las personas con obesidad tienden a generar una inflamación exagerada porque la grasa es una vía de inflamación, de acuerdo con la infectóloga Amy Peralta. 

Aunado a esto, las células grasas tienen los receptores que permiten la entrada del virus SARS-CoV-2, lo que significa que el virus se replica una y otra vez llenando al cuerpo de virus. Peralta dice que si hay más virus, hay una respuesta exagerada en el organismo y por lo tanto hay más entrada del virus a los órganos. 

Diabetes y COVID-19

Un paciente con diabetes ya tiene daño en muchos tejidos y mala circulación, entonces es más fácil que el tejido se quede sin oxígeno y muera. 

“Una de las principales causas de muerte por COVID-19 es que los tejidos pulmonares mueren porque la circulación no es adecuada”, explicó Amy Peralta.

EPOC y COVID-19

Las personas con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) no responden adecuadamente a una infección. Lo que hace vulnerables a estas personas es que ya no tienen niveles adecuados de oxígeno en la sangre y tienen daño estructural en los pulmones. Por esta razón, los pulmones permiten la entrada directa de virus, bacterias y microorganismos, de acuerdo con Amy Peralta.

Enfermedad Renal Crónica

“Los pacientes con cualquier enfermedad y falla renal tienen un alto riesgo de muerte”, de acuerdo con Peralta.

Cuando hay niveles de oxígeno bajos, los riñones son los primeros órganos -además de la piel- que se sacrifican para favorecer a órganos vitales como el corazón, los pulmones y el cerebro. Si un paciente tiene daño previo del riñón ya no tiene esta manera de compensar la falta de oxígeno, dice Peralta.

Además, si el o la paciente tiene una falla renal previa a la COVID-19 corre el riesgo de que su función renal empeore y entonces puede requerir de diálisis o de algunas medidas agresivas.

¿Qué pasa dentro de los hospitales?

Cuando un paciente con COVID-19 que ya padecía una enfermedad crónica debe ser intubado, es más probable que desarrolle otro tipo de infecciones dentro del hospital a causa de hongos o bacterias, dice Antonio Anzueto. 

“Eso hace que (estos pacientes) tengan mayor riesgo de morir en la máquina de respirar y también que tengan mayor riesgo de tener todo tipo de complicaciones”, dice Anzueto.

Otra posible complicación dentro del hospital está relacionada con los pacientes con obesidad. El peso de estas personas dificulta que el personal hospitalario pueda moverlas, lo que hace que salgan úlceras y éstas se infecten, de acuerdo con la doctora Susana Galicia. 

Otros efectos de una enfermedad crónica en personas con COVID-19

Las comorbilidades no solo repercuten en la probabilidad de contagio y agravamiento de la enfermedad, sino que también influyen a la hora de recetar medicamentos y tratar la COVID-19, según el doctor Anzueto. 

Esto se debe a que una enfermedad crónica puede generar que los medicamentos que se usan contra la COVID-19 tengan efectos secundarios. Dafne, por ejemplo, desarrolló neuropatías: “siento mucho dolor en las extremidades, siento pinchazos, a veces siento como que me están quemando, hormigueo, se me duermen”. Pero hasta ahora, todos los medicamentos le han provocado efectos secundarios y la única alternativa ha sido soportar el dolor. 

“Hay que vigilar las comorbilidades, tratar su enfermedad y cuando se ponen mal los tienen que tratar médicos especialistas que saben cómo van a reaccionar y qué les tienen que dar”, dice Anzueto.

“La COVID le quita el color a tu vida”

50 días después de su resultado positivo, Dafne empezó a despertar por las madrugadas sin poder respirar. Además sentía una fatiga extrema: “me costaba muchísimo levantarme de la cama hasta para ir al baño, a veces no podía dormir porque sentía que se me salía el corazón del pecho. Me llegó a subir a 130-140 (latidos por minuto) el pulso en reposo (la frecuencia normal es entre 60 y 100 latidos por minuto)”.

Como Dafne hay pacientes que se han recuperado de la COVID-19 pero siguen presentando fatiga, falta de aire, úlceras, padecimientos de los pulmones o del corazón, pérdida del olfato y sabor, lesiones nerviosas y debilidad muscular que genera contracturas.

“Las comorbilidades van a hacer que las secuelas permanezcan por más tiempo y que la secuela sea más pronunciada en estas condiciones”, dice Antonio Anzueto.

La parte cognitiva y emocional de los pacientes también es afectada.

“Ya no es mi vida. Siento como si fuera un fantasma de lo que yo era. El COVID le quita el color a tu vida, ahora ya es blanco y negro todo”, dice Dafne sobre el estrés post-traumático diagnosticado que sufre tras enfermarse de COVID-19.

Además, Dafne dice que le da miedo que se le acerque la gente, incluso le asusta que su propia familia se le acerque. Esta ansiedad la vive al salir al médico, a la fisioterapia o a los análisis, que son las únicas actividades para las que sale de su casa. 

“En mi vida personal me da coraje a veces ver a mis amigos ya en la calle, ya saliendo, me causa mucho conflicto y me da mucha ansiedad”, dice Dafne. 

La vida después de la COVID-19

Las secuelas de la COVID-19 afectan la salud de las personas de diferentes maneras: hay pacientes que deben acudir a fisioterapia, a rehabilitación pulmonar, a terapia psicológica y a uno o varios otros médicos especialistas. 

Tal es el caso de Dalfe, quien toma 10 medicamentos, empezó una dieta balanceada, acude a sesiones de fisioterapia y a terapia psicológica para tratar el estrés post-traumático que le generó la COVID-19.

Susana Galicia, encargada del Departamento de Rehabilitación Pulmonar del INER, recomienda buscar a un médico rehabilitador pulmonar y aconseja que no los pacientes que hayan superado esta enfermedad no caigan en desesperación porque las secuelas no se terminan a corto plazo. 

En el caso de las personas con enfermedades crónicas previas, el doctor Anzueto dice que lo más importante en el contexto de la pandemia de COVID-19 es la prevención: “deben tomar sus medicamentos, hablar con sus médicos y asegurarse de que su enfermedad está bien tratada, eso va a ser importante para protegerlas en el futuro”.

Muertos por casos de comorbilidad y rango de edad de pacientes de Covid-19 detectados en México

Muertos con comorbilidad

Muertos sin comorbilidad

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