Valentín Osorio fue atropellado en Puebla. Murió durante la noche del 31 de diciembre de 2019. Desde ese día, una cadena de negligencias y corrupción ha impedido que se haga justicia en su caso. 

El 31 de diciembre de 2019 a las 9:30 de la noche, Valentín Osorio cruzó una calle en el municipio de Tepeaca, Puebla. A su lado caminaban su esposa y su cuñada. Un microbús que debía estar detenido frente a la luz roja del semáforo aceleró y los atropelló a los tres.

Desde entonces, la familia de Valentín se ha enfrentado a una serie de actos de negligencia y omisiones: desde la atención médica hasta la integración de la carpeta de investigación han presentado irregularidades. 

Hoy, dos meses después del accidente, la familia solo pide que se haga justicia por la muerte de Valentín.

El chofer del microbús está libre: los policías de tránsito que llegaron al lugar del accidente lo llevaron a la Oficina de Tránsito municipal y desde entonces nadie sabe nada de él. Ni siquiera la dueña del camión, quien dice desconocer toda su información personal. 

Al no poder ser atendido en los hospitales de Tepeaca por falta de instrumental médico, Valentín tuvo que ser trasladado a Puebla por la Cruz Roja. Murió antes de llegar al hospital. Fue por esta razón que, durante casi un mes, el Ministerio Público de Tepeaca dijo no poder avanzar en la investigación “hasta que tuviera el informe de la necropsia”, que fue realizada en la capital del estado. 

Además, de acuerdo con el acta de defunción, Valentín Osorio murió a las cuatro de la mañana del 31 de diciembre. Cuando la familia pidió cambiar esta información, personal del Servicio Médico Forense les dijo que eso lo tenían que arreglar después, y que en ese momento debían llevarse el cuerpo porque “ya no tenían espacio”. 

Serendipia habló con Yesenia Osorio, hija de Valentín, sobre lo que ella y su familia han vivido durante los meses siguientes a la muerte de su padre.

“Está muy mal, no lo podemos atender”

Después del accidente, las tres personas fueron transportadas en dos ambulancias al hospital general de Tepeaca. Ahí, una trabajadora social se negó a atender a Valentín. “Tú estás bien (le dijo a la esposa de Valentín), tu hermana se queda y tu esposo está muy mal, a él no lo voy a atender”, cuenta Yesenia Osorio. 

Esta fue la primera negligencia a la que la familia se enfrentó. Tras no ser admitido en el hospital general del municipio, los paramédicos de la Cruz Roja se comunicaron con sus hijos para consultarlos sobre el lugar al que debían trasladarlo. 

“En ningún hospital particular de Tepeaca tienen los aparatos para atender a tu papá”, recuerda Yesenia que le dijeron los paramédicos. Entonces fue necesario trasladarlo a la ciudad de Puebla, y para ello hacer un recorrido de una hora. 

El hospital de Traumatología y Ortopedia “Doctor y general Rafael Moreno Valle”, ubicado en la autopista México-Puebla fue la primer opción, por ser el más cercano; sin embargo, al llamar les dijeron que “estaba lleno”. 

Entonces, la familia pidió que lo llevaran al hospital de Traumatología y Ortopedia del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), ubicado en la calle Diagonal Defensores de la República. Pero era demasiado tarde. “Siete minutos antes (de llegar al hospital) entró en un paro toráxico y falleció”, dice Yesenia. 

Para Yesenia, esto demuestra que cualquier persona que sufra un accidente en un municipio pequeño al interior del estado de Puebla y no sea trasladada a tiempo a un hospital en la capital, no va a sobrevivir. De acuerdo con su experiencia, los hospitales no tienen el equipo ni la capacidad para tratar a pacientes heridos por accidentes de este tipo. 

Nadie sabe quién manejaba el microbús

Valentín fue atropellado en Tepeaca, Puebla, por un microbús: un camión de transporte público. De acuerdo con lo que testigos le han dicho a Yesenia y a su familia, el chofer permaneció en el vehículo, acompañado por policías de vialidad, después del accidente. Según esta versión, el mismo conductor manejó hasta el Palacio Municipal y ahí, los policías de tránsito lo entregaron a las autoridades municipales. Pero a partir de ese momento, es como si el hombre desapareciera. 

“Tenían a la persona y la dejaron ir”, dice Yesenia. La familia ya presentó una denuncia por corrupción con base en estos hechos. 

La dueña del microbús (quien tenía la concesión de transporte público) ha declarado que, aunque el chofer conducía un vehículo de su propiedad, ella no sabe ni cómo se apellida: no tiene ninguna información personal de la persona que atropelló a Valentín, aunque esa persona trabajaba para ella. 

El acta de defunción tiene errores

El acta de defunción expedida en la ciudad de Puebla establece que Valentín murió a las cuatro de la mañana del 31 de diciembre. Yesenia se negó a firmar el documento porque, al tratarse de un homicidio, esa inconsistencia es importante en caso de que el acta sea utilizada en un proceso legal. 

“Llegó la auxiliar de la doctora y me dijo: ‘Tienes que arreglarlo, pero en el Ministerio Público. Te lo tienes que llevar (a su papá) porque tenemos mucha gente, pero con una (nota) aclaratoria’. Me convencieron, pero fue un terrible error, porque hasta el momento no han podido arreglar eso”, dice Yesenia. 

En Tepeaca la investigación no avanzó

Durante un mes, la única respuesta que Yesenia recibió de las autoridades en Tepeaca fue que “todo estaba en Puebla, y que ellos no podían hacer nada hasta que se vincularan las carpetas”. En ese momento, ni siquiera habían sido tomadas las declaraciones de la esposa y la cuñada de Valentín; tampoco había información sobre la persona que manejaba el microbús. 

Ante esta situación, Yesenia decidió pedir ayuda en la Fiscalía General del estado, en donde la ayudaron a atraer la investigación para continuarla en la ciudad de Puebla. Fue así que durante la segunda semana de febrero, un mes y medio después del accidente, la hija de Valentín puedo ver la carpeta de investigación por primera vez: “antes me decían que lo único que tenían era la orden de detención del vehículo”, dice. 

Yesenia recuerda que al preguntar en Tepeaca sobre el estado de la investigación, tuvo que darles a las autoridades del municipio el número de la carpeta que había sido abierta en Puebla.

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