Terapias de conversión en México: lo único que queda por curar es la homofobia

Terapias de conversión en México: lo único que queda por curar es la homofobia

Las terapias de conversión fueron prohibidas en México después de más de cinco años de disputa en el Congreso. En 2024, los legisladores continuaban en la disyuntiva de si la hormonización, electrochoques y violencia sexual podían ser métodos voluntarios y legales para torturar personas de la diversidad sexual en el país.

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Investigación, LGBTTTIQ+

Las terapias de conversión fueron prohibidas en México después de más de cinco años de disputa en el Congreso. En 2024, los legisladores continuaban en la disyuntiva de si la hormonización, electrochoques y violencia sexual podían ser métodos voluntarios y legales para torturar personas de la diversidad sexual en el país.

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Los rostros detrás de las “terapias de conversión” son los de una artista y cineasta como Erica, un humanista e investigador académico como Rodolfo o un enfermero apasionado por el baile como Luis Ernesto. Son sobrevivientes del odio, la discriminación y los prejuicios, porque nunca hubo nada que curar. 

Las terapias de conversión, tipificadas en México como Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual y la Identidad de Género (ECOSIG), abarcan una extensa lista de prácticas con las que personas de la diversidad sexual son reprimidas y atormentadas. Estos tratamientos son llamados “terapias” de forma errónea, ya que no cuentan con fundamentos científicos ni psicológicos que puedan legitimar sus conductas de tortura. 

De hecho, es lo contrario. Sus sesiones pueden incluir palizas, abuso sexual, desnudez forzada, privación de alimentos, hormonización y electrocuciones. La “justificación” es que esto “curará” a todas aquellas personas que no son heterosexuales.

Hasta marzo de 2024, los legisladores del Congreso de la Unión continuaban en la disyuntiva de si la tortura contra las personas LGBT+ podía seguir siendo legal en México. 

El 22 de marzo de 2024, la Cámara de Diputados aprobó las minutas para prohibir los ECOSIG, denominados erróneamente como “terapias de conversión”. Gabriel Quadri de la Torre, diputado por el Partido Acción Nacional (PAN) y candidato a la presidencia de México en 2018, fue uno de los 103 legisladores que votaron en contra de su prohibición.

A Gabriel Quadri no le bastó con votar en contra de prohibir la tortura hacia las personas de la comunidad LGBT+ (es decir, a favor de que las terapias de conversión continuaran siendo legales), también comparó a las víctimas con “personas pedófilas o pederastas o zoofílicas” en su discurso. 

Según el funcionario, quien fue respaldado por otros 102 diputados encargados de velar por los derechos y el bienestar de la población mexicana, prohibir las torturas de los ECOSIG “es un atropello inaceptable contra la familia, la religión y la libertad. Este dictamen pretende castigar penalmente a padres, médicos, sacerdotes, maestros, entrenadores e imponer una ideología perversa a los niños y a las niñas a base de represión y de criminalización”, dijo el diputado del PAN frente a los 404 votantes del pleno. 

A pesar de sus esfuerzos por reprimir la lucha histórica por los derechos de las personas LGBT+ en México, se aprobó prohibir las terapias de conversión con 267 votos a favor, 103 en contra y 33 abstenciones. 

De los 103 votos en contra, el 90.2 por ciento perteneció a los legisladores del Partido Acción Nacional (PAN), 8.7 por ciento al Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el 1.9 por ciento no tiene partido. 

Votación en la Cámara de Diputados para prohibir los ECOSIG

La preocupación de los 103 legisladores que votaron en contra de prohibir los ECOSIG fue que si las víctimas, a quienes Quadri se refirió como “personas pedófilas o pederastas o zoofílicas” no son tratadas psiquiátricamente, implicarían riesgos enormes para la sociedad.

Pero la realidad es diferente. El diputado, quien presume de un doctorado en economía por la Universidad de Texas, ni siquiera leyó las minutas del dictamen. Esta reforma no pretende prohibir las terapias para personas “pedófilas” ni “zoofílicas”, como aseguró Quadri. Lo que busca es prohibir los tratamientos discriminatorios y violentos que pretenden cambiar la orientación sexual de las personas sin ningún fundamento más que el prejuicio.  

La iniciativa avanzó al Senado de la República, en donde fue aprobada el 25 de abril. Finalmente, el 8 de junio se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto que sanciona y prohíbe las “terapias de conversión”, tipificadas como “Delito contra la Orientación Sexual o la Identidad de Género de las Personas”. 

La reforma adiciona un artículo al Código Penal Federal y otro a la Ley General de Salud, estableciendo penas de dos a seis años de prisión y multas de 108 mil a 217 mil pesos. Las sanciones se duplican si las víctimas son menores, adultos mayores o discapacitados, y en caso de que los infractores sean los padres o tutores, el juez decidirá la pena. 

Quienes fueron víctimas de las mal llamadas “terapias de conversión” y sobrevivieron a ellas, saben que los estragos de estas prácticas no terminan al salir de los talleres, templos u hospitales en los que fueron torturadas.

Rodolfo Bañuelos, maestro en Derechos Humanos por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), decidió ingresar a un esquema de conversión por su propia voluntad para investigar los métodos de tortura y coerción en contra de hombres homosexuales. 

Rodolfo entró como infiltrado a la empresa Courage Latino, con sede en Jalisco. Courage fue fundado en 1980 por el sacerdote estadounidense John Harvey, autor de los libros “La persona homosexual” y “La verdad acerca de la homosexualidad”. En julio de 2024, Brian Cannon será nombrado director ejecutivo de la empresa católica. En 2016, Rodolfo envió correos a la empresa, que todavía cuenta con una página activa en internet. En la página principal, se observa la leyenda “Ve más allá de los límites de la etiqueta homosexual hacia una identidad más completa en Cristo”

Después de crear una identidad falsa y mostrar presunta preocupación por su homosexualidad, Courage Latino citó a Rodolfo con un misionero de 18 años. El adolescente decía que era un caso de éxito, “un chico sanado que se había vuelto heterosexual”. 

Cuando pasó el primer filtro, Bañuelos realizó un pago y comenzó a asistir a sus talleres. Su primera preocupación fue que de las 70 personas que asistieron al taller, él era el único mayor de edad. 

Los talleres en Jalisco eran solo el principio, no hubo intervenciones ni daño físico. Sin embargo, Courage Latino ofrece cursos de refuerzo. “Había dos alternativas, una alternativa era pagar y tomar el curso de refuerzo internacional en Miami, en una modalidad de campamento. Y la otra modalidad era tomar otro taller, que implicaba internarnos tres días y medio en Cuernavaca”, dijo en entrevista con Serendipia. 

Rodolfo asistió al taller de Cuernavaca, lo despojaron de sus pertenencias y lo privaron de su libertad. Para bañarse, quienes estaban internados como Rodolfo debían compartir un espacio abierto con hombres que se hacían llamar “sacerdotes” y los vigilaban desnudos. Decían que si entraban solos a la regadera y cerraban la puerta “el diablo iba a hacer de las suyas”. 

En el retiro de Courage Latino, Rodolfo presenció lo que los supuestos sacerdotes llamaban “exorcismo”. Las víctimas eran obligadas a arrepentirse, gritar y pedir perdón en el piso. Quiso detener a los responsables, aterrado por ver a sus compañeros sufriendo y a un niño convulsionando. Pero al alzar la voz, lo inmovilizaron y patearon en el suelo. 

En su investigación “El dispositivo de psicoterapia pastoral de conversión anti- gay (PPCAG) en Jalisco”, Rodolfo ahonda en los mecanismos de tortura y poder de estos ejercicios, entre ellos, el caso de una víctima del campamento de Courage Latino en Miami. En el campamento masivo, los asistentes fueron víctimas de torturas sexuales y descargas eléctricas. 

La página web de Courage Latino en Jalisco sigue activa. Y hasta 2024, el Congreso de la Unión continuaba en la disyuntiva de si la tortura homofóbica podía ser voluntaria y legal en el país. 

Las “terapias de conversión” no son libres ni voluntarias, son una violación a los derechos humanos

Aunque Quadri intentó convencer a la Cámara de Diputados de que las víctimas tenían “disforia de género” y que “se puede tratar con terapias médicas y psicológicas que están aprobadas por la comunidad médica”, la psicóloga y psicoterapeuta Noely Mosqueda aseguró que se trata de dos cosas muy distintas. 

La diversidad sexual no es lo mismo que la disforia de género. Según la especialista, la disforia es la “incomodidad de no sentirse en congruencia con el sexo”, que integra una serie de síntomas y dificultades para crear un sentido de identidad. La diversidad sexual envuelve el amplio espectro de expresiones de la sexualidad, así como la libertad de las personas para asumir sus preferencias u orientaciones de género. 

A diferencia del tratamiento psicoterapéutico por disforia de género, la especialista fue tajante con las terapias de conversión: “no son terapias, son tortura”, corrigió. 

Entonces, ¿qué tan voluntarios son los ECOSIG? En 2018 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEG) realizó la primera Encuesta sobre Discriminación por motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género (ENDOSIG). Este ejercicio mostró que las personas que recurren a “terapias de conversión” y ECOSIG para intentar cambiar su orientación sexual, no lo hacen por elección propia. En su mayoría, son presionados u obligados por su propia familia y círculos cercanos. 

Persona que le trató de convencer de que su orientación sexual era “un error”

De acuerdo con los datos de la ENDOSIG, 20.93 por ciento de las madres de personas no heterosexuales en México intentaron convencerles de que su preferencia sexual no era cierta. En el caso de los padres, la proporción fue de 17.44 por ciento. 

Aunque los casos de madres y padres que intentan convencer a sus hijas e hijos de ser heterosexuales son los más recurrentes, también se registraron casos de hermanos, hijos, parejas, amigos, maestros, compañeros e incluso jefes del trabajo. Según la ENDOSIG, los amigos y familiares de las víctimas son las principales personas que las discriminan. 

De acuerdo con Mosqueda, “en la mayoría de las mal llamadas terapias de conversión, las personas son llevadas por terceros y familiares, por coerción para tratar de convencerlo. A veces pueden decir que la persona va por su propio pie, pero esto está basado en un engaño”, explicó en entrevista con Serendipia.

Sin embargo, los intentos de los círculos cercanos de las personas LGBTQ+ para cambiar su orientación sexual, no se detienen en palabras de rechazo. 

Las madres y padres son quienes más llevan a sus hijos a terapias de conversión 

Luis Ernesto no pidió que le inyectaran hormonas. Era un niño y no quería “ser más hombre”. Al igual que Erica y Rodolfo, su ECOSIG ocurrió en el ámbito religioso. Llegó a una congregación evangélica del Estado de México a inicios del 2000, cuando intentó que lo aceptaran en el grupo de danza hebrea de la iglesia disfrutaba cantar, pero no lo dejaron porque se movía “como mujer”. 

La tortura fue progresiva. Con el paso del tiempo, los pastores lo citaron en privado para enseñarle técnicas que lo hicieran más masculino. “Vete al espejo y cada vez que te veas, habla fuerte. Haz la voz gruesa, hazla como hombre y di: soy hombre, soy hombre”, dice Luis Ernesto, angustiado. 

Al notar que las técnicas no funcionaban, los pastores lo sometieron a ayunos prolongados para seguir el “ejemplo de Cristo”. En los periodos de ayuno, lo citaban en el templo para obligarlo a gritar, llorar y confesar que había sido poseído por el diablo o abusado sexualmente, cuando no fue así. Con dolor en el vientre por el hambre y la rabia, Ernesto vomitaba y los pastores se mostraban satisfechos, porque con el vómito “echaba fuera ese demonio”. 

Cuando Luis pidió dejar de ir a la iglesia, su madre no lo permitió. Uno de los pastores era médico. Después de una sesión, le dijo a la madre de Luis Ernesto que su problema no era el demonio, sino que necesitaba más hormonas masculinas. Su madre fue quien pagó su tratamiento hormonal durante más de tres años. 

Aunque Gabriel Quadri aseguró que el dictamen de prohibición de ECOSIG “pretende castigar penalmente a padres, médicos, sacerdotes, maestros, entrenadores e imponer una ideología perversa a los niños”, la ley no criminaliza a los padres y tutores, siendo las únicas penas que quedan a consideración del juez. No obstante, estas son las principales personas que ejercen coerción contra las víctimas. 

Persona que trató de llevarle con alguien (doctor, psicólogo u otro) para cambiar su orientación sexual

El caso de Luis no es único: el 11.28 por ciento de  las madres de personas LGBT+ oblign  sus hijas e hijos a participar en algún tratamiento o “terapia de conversión”, según la ENDOSIG. 

Una vez más, los padres de las víctimas fueron los segundos responsables de recurrir a ECOSIG para cambiarlas, con el 8.15 por ciento de las incidencias. Seguidos por la familia con 1.21 por ciento. Según la encuesta, incluso los maestros y amigos de las víctimas son quienes tienden a obligarlos a recurrir a un tratamiento de conversión, con el 0.7 y 0.28 por ciento de los casos. 

Nunca hubo nada que curar: las “terapias de conversión” ya son ilegales en México

La lucha por los derechos de la comunidad LGBT+ nunca se detuvo. Mientras el Congreso debatía las incongruencias de legisladores como Gabriel Quadri en 2022, Erica Salinas dirigió un cortometraje para contar su historia. De los 21 a los 26 años, fue sometida a métodos de tortura por la Iglesia Católica en Hermosillo, Sonora. 

Para la cineasta y activista, repetir su historia es una forma de perpetuar el dolor. En su lugar, se expresa con el arte, la creación y la enseñanza. Erica Salinas es la fundadora de Sociedad Activa, una de las organizaciones defensoras de los derechos humanos que llevaron su voz y testimonio al Congreso para demostrar que no había nada que curar. Erica convirtió su cortometraje “Para Sarah” en una herramienta para sensibilizar a las legislaturas, proyectándolo en el pleno. 

Con maestrías, doctorados, minutas impresas y hasta la proyección de un cortometraje ilustrativo sobre la tortura y la homofobia, las preocupaciones de legisladores como Quadri continuaron legitimando la idea desinformada de que las “terapias de conversión” estaban dirigidas a pedófilos. Todavía se atrevieron a decir que condenar los ejercicios de tortura era “un prejuicio”. 

Pero es gracias a los prejuicios y la desinformación que las personas con identidades y orientaciones sexuales diversas no se sienten cómodas y felices de ser quienes son en un país como México.

Porcentaje de la población encuestada según grado de aceptación o rechazo por orientación sexual e identidad de género

Entre las personas que respondieron la ENDOSIG en 2018, los sentimientos de felicidad y aceptación son mayoritarios para todas las categorías. Sin embargo, las personas con orientación bisexual y los hombres y mujeres trans registran los porcentajes de falta de aceptación más altos. 

De acuerdo con los datos de la ENDOSIG, los hombres y mujeres trans también son quienes han tenido pensamientos suicidas en mayor proporción, con 73 y 58.4 por ciento de incidentes, respectivamente.

Para los legisladores que tienen el poder de reformar la Carta Magna del país, prohibir las terapias de conversión y la tortura sexual, física y psicológica en contra de las personas LGBT+, era un crimen en contra de la religión y la familia. Este es solo uno de los síntomas de la profunda discriminación que enfrenta la comunidad LGBT+ en el país. 

A pesar de sus prejuicios, la lucha histórica por los derechos humanos y LGBT+ en México no va a detenerse. En junio de 2024, las mal llamadas “terapias de conversión” están prohibidas. Luis Ernesto sobrevivió y confiesa que se siente feliz, vive con su esposo y está por graduarse de la carrera en enfermería. 

Mientras tanto, Erica Salinas es artista, activista y divulgadora cultural. Ella piensa que la lucha no ha terminado, este es solo el comienzo para crear un lugar más seguro para todas las personas. Y aunque queda un complejo camino por recorrer, expresa que el reconocimiento y la celebración son importantes, porque nunca hubo nada que curar. 

“No hay nada malo en nosotres, somos personas dignas de amar, de ser amadas. Y sobre todo, recordemos que somos personas que merecemos todos los derechos. En caso de que alguien no la esté pasando bien, en caso de que alguien esté pasando por un mal momento, recordarles que siempre existen colectivos, agrupaciones y organizaciones de la sociedad civil dispuestas a apoyar”.

Para Erica, la lucha por los derechos LGBT+ es igual de importante que celebrar el arte y la vida, “recordar que venimos a ser felices, y juntes lo estamos logrando”.

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Comentarios

1 comentario en la nota: Terapias de conversión en México: lo único que queda por curar es la homofobia


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  1. Danae... dice:

    Excelente investigación… 💛💛💛