El hoyo negro del dinero público

Todos sabemos que la corrupción es un problema arraigado en México y que permea en casi todas las dependencias de gobierno, en todos los niveles y en muchos más lugares de la sociedad civil. Pero más allá de saber que existe y condenarla, ¿cuántos realmente sabemos cómo funciona el ciclo presupuestario y quién aprueba, vigila y analiza el presupuesto de los gobiernos?

Mi respuesta sería que casi nadie. Ni yo misma termino de entender todavía el laberinto que es para una ciudadana de a pie el origen y destino –y los laberintos del camino que recorre– el presupuesto que a fin de cuentas sale de nuestros bolsillos.

Durante décadas la sociedad mexicana ha vivido en una opacidad, un tanto –o mucho– a propósito de parte de las autoridades para alejar a la ciudadanía de estos temas y hacer que de entrada parezcan algo tedioso e imposible de entender.

No sé si a todos les resulte entretenido o fascinante, pero aquí es donde los periodistas, la academia y las organizaciones de la sociedad civil que tocan temas de transparencia y presupuesto tenemos un reto: hacer que estos temas no se vean como algo complejo y alejado, sino aterrizarlos a los ciudadanos de a pie.

¿Cómo hacer que a mis vecinos o a mis papás les importe cuándo se aprueba la cuenta pública?

El primer paso, después de adentrarnos al místico mundo de las finanzas públicas, podría ser aterrizar estos conceptos para que no lleguen solamente al círculo de siempre que ya está interesado en saber de dónde viene y a dónde se va el presupuesto. 

Podemos hacer una primera prueba, muy sencilla: preguntarle a nuestros papás o vecinos si saben quién hace el presupuesto de egresos, quién lo aprueba y cuándo se publica la ley de egresos. La segunda prueba puede ser preguntarles ahora si saben cuándo se difunde la cuenta pública, quién la aprueba, cuándo, y qué papel tienen la Auditorías locales y federal en todo este relajo. 

Las grandes investigaciones de corrupción a veces nos parecen tan alejadas porque hablan de cantidades exorbitantes en altos niveles de dependencias que nada nos dicen. Pero, ¿qué tal enterarnos que todo el dinero desviado por tal funcionario hubiera sido equivalente a la pensión de miles de jubilados, o a subir el salario mínimo 20 pesos, o a pavimentar y alumbrar las calles de las colonias de las tres ciudades más peligrosas del país? Al aterrizar las cifras a la cotidianidad es cuando nos hacen ruido y no sólo causan enojo, sino que es más fácil que nos den ganas de romper el cerco alrededor de estos temas y decidir de una vez por todas saber cómo está funcionando para que esto no se repita.

Y aunque todavía como ciudadanos no tenemos una injerencia directa o vinculante al señalar actos de corrupción y desvíos de recursos, podemos empezar por acercarnos al Comité Estatal de Participación Ciudadana, del nuevo Sistema Estatal Anticorrupción. Este órgano fue creado para acercar a la gente con las instancias que supuestamente están encargadas de vigilar los recursos públicos. 

Así que aprovechemos esta figura y presionemos también para que funcione, estemos atentos de las aprobaciones y las publicaciones y con una alfabetización en finanzas públicas poco a poco seremos muchísimos más los que nos convirtamos en centinelas para cuidar que el dinero llegue a donde realmente tiene que estar.

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