A raíz de la reciente marcha feminista, salieron a flote todo tipo de opiniones: la mayoría en contra, otra buena parte a favor, y un porcentaje menor se mostró “neutral”; en lo particular, pienso que no se puede ser neutral en este tema, y no es que sostenga una postura maniqueísta sino que, como sociedad, no podemos darnos el lujo de ser indiferentes ante la violencia sistemática que padecemos las mujeres día con día; es excesivo no respetar los derechos de las mujeres y lo es aún más criminalizar la protesta para exigir la garantía de los mismos.

Tal parece que las manifestaciones del feminismo insurrecto han despertado un temor emanado de las entrañas del sistema patriarcal pero, ¿cuáles son los motivos que llevan al machismo a despotricar en contra de la lucha feminista? 

Es bien sabido que a las mujeres se nos imponen conductas socialmente aceptadas en torno a nuestra forma de vestir, de opinar y, desde luego, de actuar; es por ello que la cultura machista trata de deslegitimar la manera de protestar de las mujeres, al grado de que hubo varones provocadores de violencia infiltrados en la marcha.

La estigmatización de la protesta feminista espera que ésta se lleve a cabo de una manera sutil, pasiva, sumisa y controlada, en otras palabras: “calladitas nos vemos más bonitas”. Es por eso que les incomoda la efervescencia del feminismo, porque representa una amenaza para la comodidad del sistema patriarcal.

El verdadero crimen es la invisibilidad o normalización de la violencia en contra de las mujeres, más aún, la desestimación de las mujeres cuando salimos a exigir la garantía de nuestros derechos – de los cuales somos acreedoras per sé –. 

Como sostenía Simone de Beauvoir: A veces existe una oposición del mundo femenino al universo masculino, sin embargo, estamos inmersas en una colectividad regida por varones, en donde prevalece un Estado fallido en temas de derechos humanos y, específicamente de violencia de género.

Pareciera que el machismo va evolucionando en la medida en que las mujeres van conquistando derechos, va mutando cual especie en el contexto de la teoría Darwiniana, en donde su adaptación va encaminada a un objetivo principal: mantener al género femenino en una posición de subordinación.

En conclusión, debemos aceptar que, el hecho de que haya feminicidios todos los días no es un asunto individual sino colectivo; debemos apostar a la deconstrucción de las masculinidades, transitar a un modelo de mujeres libres, emancipadas y autónomas. Esto traerá repercusiones políticas, sociales y económicas favorables. 

Y, finalmente, como sociedad debemos entender dos cosas fundamentales: que el sistema patriarcal se tiene que caer y que el feminismo, más allá de un movimiento, es lógica del pensamiento.

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Madelin Stephany Ocadiz Espinoza. Licenciada en derecho por la UNAM y Colaboradora de Integridad Ciudadana

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