A un año del triunfo electoral y con más de seis meses de iniciada la “cuarta transformación”, los resultados han sido ambiguos y difusos, con un presidente que conserva más del 60% de aprobación conlleva con una carga de promesas que difícilmente podrán ser cumplidas bajo la situación que el país atraviesa y una complicada economía internacional en guerra comercial. 

La deuda pública heredada que asciende actualmente a 45 por ciento respecto al PIB obliga a mantener una política fiscal superavitaria que busque elevar los ingresos y contenga los gastos para el pago de los compromisos. Este escenario, conocido como la “Austeridad Republicana”, genera una contracción en la economía y no es un campo deseable para un presidente que desea grandes obras públicas y ayudas sociales. Los recortes bajo el discurso de abatir la corrupción no han generado los recursos suficientes que se prometieron en campaña y solo esperemos que no lleguemos a la “Pobreza Franciscana”.

Los flujos migratorios de Centroamérica, situación que no se contemplaba el año pasado, han logrado cuestionar distintos rubros en el gobierno actual, estos abarcan desde problemas de finanzas públicas locales y federales, pasando por los despliegues de seguridad, que pone a prueba a la diplomacia mexicana y que puede llegar a impactar en los flujos comerciales. Una herramienta política de reelección del presidente norteamericano brillante y limpia que logra quedar bien con sus partidarios y traslada el problema al patio trasero.

Desde la firma del TLC en 1994, la economía mexicana crecía a un ritmo paralelo a la economía norteamericana, irónicamente en las promesas de campaña de Trump y AMLO se manejaban crecimientos del PIB del cuatro por ciento. Actualmente se disoció la economía nacional con un crecimiento esperado optimista del uno por ciento y Estados Unidos con una tendencia del 2.5 por ciento. 

Es evidente que el candidato que hubiera ganado en México el año pasado, tendría que enfrentar los problemas mencionados. Pero el toque del actual gobierno son las distintas renuncias de servidores allegados a presidencia y la necedad del rescate de PEMEX con la construcción de una nueva refinería, situaciones que generan cuestionamientos de la solidez del equipo de política económica y nerviosismo en los inversionistas que hacen pensar en un presidente autoritario. 

***

David Ortega Pineda. Licenciado en Economía (UAM-Azcapotzalco) y Maestro en Economía (UNAM). Profesor de asignatura de la FES Cuautitlán y la FES Acatlán en materias de Finanzas Internacionales y Finanzas Públicas. Participación en la Maestría en Finanzas y la Especialidad de Instituciones Administrativas de Finanzas Públicas. Colaborador invitado en Integridad Ciudadana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *