Hace unos días, tuve la oportunidad de platicar con alumnos del Tecnológico de Monterrey Campus Toluca  sobre la transparencia como herramienta en la lucha contra la corrupción, en el marco de una materia del Sistema Nacional Anticorrupción. 

Cuando preparé el tema, lo hice pensando en que me iba a dirigir a un grupo de estudiantes de derecho. Entonces, saqué datos acerca de las leyes anticorrupción en México de 2015 a la fecha; artículos que considero más relevantes, entradas en vigor, transitorios, reformas, creación de leyes como la general de transparencia, la que crea el sistema anticorrupción, la de responsabilidades de los servidores públicos, etcétera.

Al llegar al aula mi sorpresa fue que, de los 30 alumnos, solo unos cuantos estudian Derecho. Había estudiantes de ingenierías, de ramas administrativas, de Comunicación, de Mercadotecnia, en fin, un grupo multidisciplinario. Un grupo con una gran variedad de perspectivas, posiciones, ideas e interrogantes.

Viendo lo anterior, tuve que cambiar la manera de explicarlo: me olvidé de artículos, fechas, entradas en vigor y me centré en lo que resultó ser lo más importante: cómo explicarle al ciudadano lo que es el sistema anticorrupción en México y cómo ayuda la transparencia a alcanzar sus objetivos.

Sobra señalar que, al ser un grupo de jóvenes de entre 18 y 19 años, me bombardearon con dudas y cuestionamientos acerca de muchos temas.

Inicié explicando que el sistema anticorrupción no es otra cosa más que una consecuencia de las acciones de la mayoría de nuestros gobernantes. Que el sistema nace por esa corrupción que se da en todos los ámbitos y rincones de los gobiernos, que deviene de una sociedad cansada, harta de la corrupción y de la impunidad; que es un complicado entramado jurídico, que derivó en reformas a varios ordenamientos, incluida nuestra Constitución, y en la creación de por lo menos cuatro leyes secundarias; pero no me detuve en eso.

Les platiqué cómo está conformado el Sistema Nacional Anticorrupción, del que, la verdad de las cosas, también es muy complicado entender su estructura, pero del que lo más importante es saber que este coordina a diferentes autoridades en la persecución de la corrupción, tanto a funcionarios como a particulares.

Comentamos acerca de la participación ciudadana en el sistema. Se mostraron sorprendidos al saber que, quien coordina y dirige el sistema, es un ciudadano que forma parte de un Comité de Participación Ciudadana, es decir, no es un servidor público del gobierno, ni un diputado, ni un magistrado, no, es un ciudadano que participa y toma decisiones pero que, además, da voz a todos esos cientos de miles que queremos decir algo.

Vimos que la transparencia es una herramienta fundamental para la rendición de cuentas. Que el hecho de que, por obligación legal, los servidores públicos tengan que rendir cuentas a través de los portales de transparencia y que si no lo hacen pueden ser sancionados, debe llevar a una mejor y mayor rendición de cuentas. 

Platicamos acerca de lo importante que resulta que los ciudadanos entendamos que debemos observar, que debemos escuchar y que debemos exigir. Que estos sistemas creados llevarán tiempo, que se están cuajando, que, a fin de cuentas, depende de nosotros que en un futuro se vean los resultados deseados, que nos tenemos que organizar y participar.

Por lo menos, con esos 31 que estábamos ahí, se podía ver compromiso, por querer algo mejor como país, por querer cambiar las cosas, por trabajar por un mejor futuro. 

Salí satisfecho, renovado, contagiado de un grupo de jóvenes con visiones muy distintas pero que coinciden en querer un México mejor. 

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Platiquemos: @IsaacGPedro en Twitter

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