Un día sin muertes, sin violaciones y acosos en las universidades. Un día silencioso y doloroso. Un día con ausencias, un día sin mujeres.

Es necesario presenciar un vacío colectivo para entender que en este país “nos están matando”. Mata la indiferencia, la duda y revictimización.

Un paro nacional para recordar a las mujeres que ya no pueden exigir justicia. Un paro nacional por aquellas que ya no se encuentran con nosotras, y cuyas muertes no mermaron la sed de justicia que tiene este país. 

Un paro nacional para recordar a las 980 mujeres asesinadas el año pasado, por las 98 niñas que ya no volvieron a casa, y por las muchas otras víctimas que no fueron contabilizadas por los registros de seguridad pública. Un paro para proteger a las que aún se mantienen en pie de lucha. Un paro nacional para reconocer a las activistas, quienes a pesar de los ataques, siguen buscando respuestas, en donde los ministerios públicos han dejado infinitas interrogantes. 

El 9 de marzo es controversial, ha sido catapulta de comentarios malintencionados, por parte de “influencers” y autoridades. Ha mostrado el rostro de la indiferenci, que embarga al país, pero también ha sido estandarte de lucha, porque es necesario mencionar que “si tocan a una, nos tocan a todas”. 

Hoy las mujeres utilizan el silencio como arma, un grito desesperado se guarda en sus pechos, pero sus voces rotas les impiden continuar. 

Un minuto de silencio por las 73 mujeres que fallecieron en enero, un minuto de silencio por las mujeres desaparecidas, un minuto de silencio por todas las que alguna vez nos hemos sentido vulnerables. Un minuto de silencio para las que aún esperamos justicia. 

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