Esposas tradicionales en México: entre la estética aspiracional y la desigualdad real

¿Hay esposas tradicionales en México? Aunque en redes crece la tendencia tradwife, en México solo 8.6 por ciento de las mujeres vive exclusivamente del hogar por decisión propia, y prevalece un contexto de desigualdad estructural.

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¿Hay esposas tradicionales en México? Aunque en redes crece la tendencia tradwife, en México solo 8.6 por ciento de las mujeres vive exclusivamente del hogar por decisión propia, y prevalece un contexto de desigualdad estructural.

Las esposas tradicionales en México también forman parte de la conversación que circula en redes sociales. “Yo quiero esa vida”, responde una mujer al video en el que una creadora de contenido explica “la desventaja más grande de ser mantenida”. Dicha desventaja es que su familia piensa que nunca hace nada, pero en realidad hay días en los que apenas le alcanza el tiempo para viajar, conocer nuevos lugares, trabajar en su salud mental, aprender idiomas y crear contenido, aunque no gane “ni un solo dólar” con ello, según explica.

El término “mantenida” y el contenido en redes sociales que publica esta creadora, una mexicana que ahora vive en Oriente Medio, se asemeja a la tendencia de “esposa tradicional”, tradwife en inglés, ampliamente difundida en la cultural norteamericana y europea, con influencers como Nara Smith o Hannah Neeleman (conocida en redes sociales como Ballerina Farm) en Estados Unidos y el inicio de la carrera en redes sociales de RoRo Bueno en España. Esta última aclaró después de hacerse viral que no apoya esa ideología, aunque el contenido que la llevó a ser conocida estaba basado en la misma.

“Una de las condiciones que hace más vulnerables a las mujeres para sufrir diferentes formas de violencia de género es la dependencia económica”, dice Marcia Villanueva Lozano, Doctora en Filosofía de la Ciencia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Aun así, la tendencia tradwife ha ganado terreno en redes sociales durante los últimos años.  Desde el análisis académico del discurso digital, Ximena Tiznado, egresada de Ciencia Política y Administración Pública por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, estudió el fenómeno de las tradwives como parte de su proceso de titulación. “Es una tendencia digital y definitivamente es algo que está influenciando mucho a los jóvenes que están adaptando nuevamente actitudes tradicionalistas en su vida diaria”, explica.

En su investigación analizó comentarios sobre esposas tradicionales en México en TikTok, Instagram y YouTube, donde encontró tres posturas predominantes: “quienes lo defienden como empoderamiento, quienes lo critican como una restauración patriarcal y quienes lo consumen solo por la estética aspiracional”. Para Tiznado, esa disputa es clave porque muestra que el fenómeno no es homogéneo, sino un espacio de tensión simbólica donde se negocian ideas de libertad, poder y feminidad.

Labores domésticas generarían ocho billones de pesos en México

Las actividades realizadas por las esposas tradicionales en México (limpiar, cocinar, cuidar a los hijos), habrían generado el equivalente a ocho billones de pesos en 2024. Esto es el 23.9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), según la Cuenta satélite del trabajo no remunerado de los hogares de México, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Pero ese dinero no llegó al bolsillo de ninguna de las personas (en su mayoría mujeres) que se encargan de estas labores. 

Desde 2003, el valor económico de estas labores ha aumentado, al pasar de ser el equivalente al 18.5 por ciento del PIB en ese año al 23.9 por ciento en 2024. El mayor valor fue registrado en 2020, durante la pandemia de COVID-19, cuando llegó al 25.1 por ciento del PIB. 

Estos datos también revelan que mientras en 2003 los hombres aportaron el equivalente al 3.7 por ciento del PIB en labores domésticas y de cuidados, en 2024 su aportación aumentó al 6.5 por ciento. 

La tendencia “tradwife” está enfocada en exaltar los valores de la “familia tradicional” e impulsar que las mujeres se dediquen exclusivamente al hogar y el cuidado de los hijos. Además, asegura que su rol natural es “servir a sus esposos” y se adelanta a la reacción feminista: si las “mantenidas” deciden vivir su vida de esa manera, el feminismo debe no solo respetarlo, sino defenderlo. 

Pero “desde el feminismo no criticamos las decisiones que toman las mujeres, sino los factores estructurales que las obligan a hacerlo”, dice Marisol Anzo Escobar, doctora en Estudios Culturales con énfasis en Género, sexualidad y poder por El Colegio de la Frontera Norte (Colef). “Las mujeres tenemos la facultad de decidir qué queremos hacer con nuestra vida, pero no hay que ser ingenuas y hay que cuestionar por qué de repente está tomando cierto auge este discurso sobre que el hogar es nuestro espacio natural”, explica.  

Villanueva añade que esta tendencia también puede ser entendida como una “reacción antifeminista”. “El fenómeno de las tradwives aparece en el mismo espacio digital donde el feminismo de la llamada cuarta ola agarra un ímpetu fuertísimo, por lo que no es casual que en redes sociales (donde se viralizaron movimientos como el MeToo o los hashtags contra los feminicidios) emerjan también discursos que buscan reinstalar los roles de género tradicionales”.

Para la académica, este fenómeno no puede analizarse únicamente como una “romantización” de la vida doméstica, sino como parte de un paquete ideológico más amplio que “intenta restaurar o mantener el orden de la sociedad sexista” y que refuerza una división binaria y jerárquica de los géneros.

Mujeres trabajan nueve horas diarias en el hogar; hombres, menos de cuatro

A pesar de que la participación de los hombres en las labores domésticas y de cuidados ha aumentado en los últimos 23 años, las mujeres aún tienen una carga profundamente desigual ante ellos, según el Inegi.

Y aunque el dinero que estas actividades producirían nunca llega a los bolsillos de las mujeres, las horas dedicadas a ellas sí dejan estragos en su cuerpo.

Teresa tiene 28 años y también crea contenido en redes sociales. Empezó a hacerlo hace un par de meses, tras ser despedida de su trabajo y tomar la decisión de dedicarse al hogar durante un tiempo para descansar y más adelante buscar otro empleo. Al hacerlo se ha dado cuenta de que las labores domésticas demandan mucho tiempo y energía de quien las hace, además de convertirse en algo de lo que no puedes escapar: “ya no sientes que es fin de semana porque, por ejemplo, a mí me pasaba que los fines de semana yo ordenaba, acomodaba y ahorita ya no solo son los fines de semana, es de literal toda la semana entera”, dijo en entrevista con la Unidad de Datos de SinEmbargo.

Además, Teresa ha reflexionado sobre la importancia de las labores domésticas y de cuidados: “una persona que va a trabajar diario no podría hacerlo si su esposa o su mamá o quien sea no se queda en casa a lavar la ropa, a cocinar. Un esposo normalmente puede salir a trabajar porque sabe que su esposa lo va a apoyar”. 

Ese “apoyo” consta del trabajo al que las mujeres le dedican un promedio de 62 horas semanales (unas 8.8 horas diarias), mientras que el promedio para los hombres es de 26.5 horas semanales (3.7 hora al día). 

“Esto se debe a todos los estereotipos que se asignan dependiendo del género”, dice Anzo Escobar. La académica explica que incluso cuando las mujeres se empezaron a incorporar al mundo laboral de manera más frecuente, se enfrentaron a la exigencia de trabjar dobles o triples jornadas para tener permitido desarrollarse profesionalmente: “la exigencia de no descuidar el trabajo de la casa y que los hijos no resintieran esa ausencia se sumaba a todas las demandas de un trabajo remunerado”. 

Ocho de cada 100 mujeres serían “esposas tradicionales” en México

Pero, ¿cuántas mujeres son esposas tradicionales en México? Un análisis de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) muestra que 8.6 por ciento de las mujeres adultas en México cumplen simultáneamente cuatro condiciones: están fuera del mercado laboral, se dedican al hogar, no buscan trabajo y además declaran no tener necesidad ni deseo de trabajar. Es decir, aproximadamente ocho de cada 100 mujeres mayores de 15 años encajarían en una definición estricta de “esposa tradicional” entendida como dedicación exclusiva al hogar por decisión propia.

Es decir, más del 90 por ciento de las mujeres adultas en México están trabajando, buscando empleo o, aunque se dediquen al hogar, manifiestan que sí querrían trabajar si tuvieran la oportunidad. La segunda: incluso dentro de ese 8.6 por ciento, las condiciones materiales no necesariamente coinciden con la vida aspiracional que se proyecta en redes sociales.

“Las condiciones históricas han cambiado un montón el trabajo que implicaba ser el único proveedor del hogar masculino en ese rol hace 60 años en comparación con ahora con los sueldos precarizados. Entonces ahora que la economía dependa de una sola persona es muchísimo más difícil, incluso para las clases más acomodadas en nuestro país”, dice Villanueva.

La ENOE también permite observar que la mayoría de las mujeres que se dedican al hogar no están necesariamente ahí por una decisión romántica o ideológica, sino por barreras estructurales: falta de empleos compatibles con las tareas de cuidado, ausencia de sistemas públicos suficientes de cuidados o condiciones laborales que no permiten conciliar trabajo y familia.

Fernanda vive en Cancún, Quintana Roo, tiene tres hijos y actualmente también es creadora de contenido. Empezó a trabajar a los 16 años en un café y tuvo a su primera hija a los 21 años. Siete años después tuvo a su segundo hijo, durante la pandemia de COVID-19, cuando se dedicaba a la hotelería. Las condiciones de la emergencia sanitaria y el deseo de disfrutar de ese segundo embarazo la llevaron a decidir junto a su esposo que a partir de entonces se dedicaría al hogar y a los hijos, según cuenta en entrevista con este medio digital. 

Pero Fernanda no se considera una “tradwife”. “No me gusta pedir o exigirle a mi esposo que me pague por ser ama de casa. Tampoco se trata de eso, somos un equipo”. Ella asegura que desde que era adolescente se acostumbró a pagar sus propias cosas, y el cambio no le sentó bien. Hace un par de años empezó a generar ingresos por su creación de contenido en redes sociales y a administrar propiedades en la paltaforma Airbnb: “eso me hace no depender de mi esposo y sentirme bien conmigo misma”, asegura. 

Además, aunque en México el estereotipo de la mujer es dedicarse al hogar y a los hijos, históricamente las amas de casa “han desarrollado estrategias a nivel comunidad para hacer que el dinero generado por los hombres rindiera más”, dice Anzo. Por ejemplo, pequeños emprendimientos, tandas u otras estrategias por medio de las cuales ellas pudieran generar ganancias. 

Eso es lo que ha puesto en marcha Fernanda, con las herramientas digitales a su alcance. Teresa también asegura que pronto iniciará la búsqueda de un nuevo empleo: “yo me preparé tanto, hice tanto esfuerzo y tantos sacrificios por sacar adelante mi carrera, la maestría y el trabajo, que no sé si me gustaría dejar todo todo ese camino que ya hice”. 

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Comentarios

1 comentario en la nota: Esposas tradicionales en México: entre la estética aspiracional y la desigualdad real


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  1. DANAE dice:

    Excelente investigación, gracias Serendipia 💛💛💛