A Julieta Fierro no le gustaba la Física, pero estudió una licenciatura en esa ciencia y descubrió en ella una ventana para comprender la naturaleza. Hoy, además de ser investigadora y pertenecer a la Academia Mexicana de la Lengua, escribe libros de divulgación científica e imparte talleres a niños y adultos.

El director del reclusorio sube al escenario. Julieta le pide que jale el mantel sobre la mesa sin que la jarra, el florero y la vela que están sobre ella caigan. El hombre falla. “Ahora hágalo rápido”, le dice Julieta y esta vez los objetos permanecen sobre la mesa. 

Julieta Fierro Grossman es física y astrofísica por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y una de las actividades que más disfruta es la divulgación de la ciencia. Ha escrito más de 40 libros, participa en programas de televisión y radio y dicta conferencias y talleres. “Si el director del reclusorio ya subió, los demás (también) pasan, entonces se hace divertido, diferente”, dice Julieta al recordar el taller que impartió en una cárcel.  

Hoy, una mujer que decide estudiar una carrera científica no es la excepción: 54 por ciento de las alumnas de nuevo ingreso en la UNAM en 2019 se matricularon en una licenciatura relacionada con las ciencias o ingenierías. Pero en la década de 1960 esta era una decisión poco común. 

“Mi papá nos decía que los cerebros de las mujeres eran menores que los de los hombres y que estábamos destinadas a las labores del hogar”, dice Julieta en entrevista con Serendipia

Pero Julieta entró a la facultad de Ciencias de la UNAM. Recuerda que en ese momento la Física no le gustaba mucho,; “ahora me doy cuenta de que es la ventana para descubrir la naturaleza”, dice. 

Por casualidad encontró un promocional de la “carrera en astronomía”, y aunque esa es en realidad una especialización, pudo inscribir un par de materias optativas. A partir de entonces, supo que había encontrado su lugar. 

Julieta recuerda que en su generación había 80 estudiantes y solo cinco eran mujeres, pero asegura nunca haber vivido discriminación en la academia. Sin embargo, reconoce que el sistema educativo en México está diseñado para los hombres. La científica señala que si una mujer quiere tener hijos mientras es joven y después retomar sus estudios, ya no encontrará las mismas oportunidades. 

“Eso es una injusticia terrible porque hay muchos problemas que la ciencia solo podrá resolver si más mujeres nos involucramos”, dice Julieta. Estos problemas van desde el diseño de la infraestructura urbana hasta la menstruación y el cáncer de mama.

Entonces, ¿cómo logró Julieta estudiar una licenciatura, posgrados y tener dos hijos? Con la ayuda de su familia y de trabajadoras del hogar. Julieta destaca otra barrera de acceso para las mujeres en la ciencia: el nivel socioeconómico. La investigadora dice que en la Asociación Latinoamericana de Mujeres Astrónomas, “la verdad es que todas somos burguesas y tenemos ayuda (…) me gustaría que fuera de otra manera, pero esa es la verdad”.  

“A mí me entró la rebelión”

Julieta cuenta que su papá “era médico y se quedó viudo con dos hijas y dos hijos, y claro que quería que las niñas se quedaran en casa a cuidar a los hermanos. Pero a mí me entró la rebelión y desde entonces he luchado por las causas de las mujeres”.

A raíz de los desacuerdos con su padre, Julieta entendió que para ella, la educación era una herramienta para salir adelante. 

Pero fue precisamente en su familia en dónde encontró la inspiración para acercar la ciencia de una manera divertida a cualquier tipo de público. Su hermano Miguel la ayudó a idear métodos creativos para enseñar. 

“Miguel tiene síndrome de Down. Mi madre murió cuando él tenía 11 meses y entonces yo decidí que (él) podía aprender todo. Él me enseñó a explicar fácil las cosas, bonito, divertido, interesante, que se entendiera a la primera”, dice Julieta.

En sus talleres y conferencias utiliza desde mesas y jarras con agua hasta pasteles. Además, dice que siempre pide que la envíen a lugares difíciles: es por eso que ha hecho eventos de divulgación de la ciencia en reclusorios tanto de hombre como de mujeres. 

Pero su público favorito son los niños porque “preguntan lo que quieren saber”. Julieta recuerda que en uno de sus talleres, con hijos de mujeres presas, una niña le preguntó por qué les había explicado cómo funciona la gravedad, pero no por qué hay gravedad. 

Al igual que esa niña, Julieta todavía quiere aprender más. “Me gustaría saber editar para poder hacer mis propios videos de experimentos científicos”, dice. 

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